miércoles, 3 de septiembre de 2008

¡UN FESTIVAL TEATRAL DE AUTOR QUE VA CRECIENDO y (II)

Tras veintitrés días de actividad ininterrumpida culminó la V edición de Festea, es decir del Festival de Dramaturgia de Autor. En esta oportunidad dedicado a las dramaturgas latinoamericanas Elena Garro (México), Mariela Romero (Venezuela) y Griselda Gambado (Argentina). Evento que, desde mi óptica debía ser estrictamente para agrupaciones teatrales emergentes, noveles y/o independientes pero que expuso, la presencia de colectivos tanto nacionales como foráneos con distintos grados de experiencia, trayectoria y formación. Ello no lo invalidó; ni tampoco restringió la faceta de observar una posibilidad de exhibir ante una platea -integrada por ese necesario público espectador, teatristas participantes que fue quien dió el veredicto de premiación- y una terma de dos a tres críticos teatrales que activaron foros con los grupos sino que sugirió ante a la organización del festival la obligada segmentación de los galardones en pro de ampliar lo equitativo al fallo, permitió que Festea creciese un paso más en su inevitable evolición como evento de confrontación /difusión del hacer escénico dirigido a ganar otros públicos y otras maneras de hacer actividad artística. Más allá de estas cosas, se aplaude el esfuerzo dado por todo el equipo organizador, ya que supo cuidar los aspectos gerenciales, logísticos y técnicos así como ese sentido de generar la presencia de "nuevo público" que seguro seguirá asistiendo y oxigenando la realidad de este Festea activado en el total de lo que fue el marco de los dieciocho espectáculos (unos de participación no oficial, otros de muestra y el grueso,en competencia) permitió que se armase un saludable clima de convivio, energía de espectación que insufla los que habrá de ser las futuras ediciones de Festea, un festival al cual le auguramos un fuerte posicionando y una optimización de sus partes y, por ende,la atención e interés tanto de los teatristas venezolanos como extranjeros. La vitrina como todo festival expuso fortalezas como debilidades. Hacía falta ese sesgo para grupos que irrumpían por vez primera de aquellos que ya presentaban un palmare de trayectoria consolidada. Fue dispar confrontar directores y jóvenes actores que se iniciaban en las tablas a competir con puestistas e histriones más fogueados cuya lectura del oficio permitía consolidar los factores que la escena demandaba. Y, sin embargo, la confrontación entre unos y otros permitió no que hubiese una distancia que los separase sino hasta una positiva situación de cotejarse para ver como a través de una determinada autora / pieza la pregunta ¿cómo se asumiría artística y conceptualmente ese esfuerzo?, les hizo ver que cada quien en lo suyo podía aportar. ¡Claro, hubo una sola excepción!, que, lamentablemente, debió haber sido asunto de la organización no haberle incluido en Festea por la débil calidad técnica y teatral del trabajo expuesto. Situación optimizable si la cabeza organizacional de Festea cierra su empuje convocatorio hacia las próximas ediciones de este festival. Lo loable del caso, es que Maigualida Gomero dejó su marca y su visión de un festival que de seguir en su indeclinable tesón facturará más temprano que tarde el reconocimiento de que esta vitrina es la más sincero circuito (por su naturaleza) y el más plural de los encuentros escénicos donde los artistas del teatro tanto nacionales como invitados de otras latitudes encuentren ese espacio vital para mostrar lo que en la casi la totalidad de eventos de los festivales del país no se da, salvo los esfuerzos concretos Creajoven organizado por Dairo Piñeres (Noviembre) y Vale Todo del Teatro San Martín (Octubre- Noviembre) pero poseedores de filosofías, marcos participativos y modos disímiles tanto en carácter como en intención divulgativa. La opinión crónica / crítica colofón de algunos de los montajes vistos en los días preliminares a la clausura de Festea los destallaré a continuación: LECTURA QUINTA: EL RASTRO / GRUPO GALATSIA TEATRO. Provenientes de la ciudad de Querétaro (Estado de Querétaro / México), el proactivo colectivo teatral Galatsia teatro asumió la escenificación de la pieza de narradora, coreógrafa, guionista, periodista y dramaturga poblana, Elena Guarro (1917, 1998), El rastro. Esta pieza, que maneja elementos simbólicos y metafóricos, estructurada con hilos poéticos asume el núcleo el desnudamiento del omnipresente poder machista del hombre latinoamericano, pero haciendo énfasis, en el eco de la figura masculina mexicana, cuyo odre más tipificable encarna con sus bemoles y sostenidos, parte del pentagrama de comportamiento caracterológico de una cultura muy propia como la representa la de la nación azteca. Para quien escribe, la dramaturgia de Elena Garro era desconocida y, con todo, permitió hacer ese consabido ejercicio de investigación. El resultado fue aproximarnos a una mujer que desarrolló una dilatada y fructífera carrera en un campo donde el hombre supo conseguir distinciones y reconocimientos con mayor facilidad. Su obra se inscribe en la década de los años cincuenta del s. XX. De sus títulos en narrativa y dramaturgia se pueden mencionar: Un hogar sólido; Cada quien con su vida; El candidato de Dios o, El árbol. En palabras de la investigadora Malkah Ravell, esta autora sustanció “un conjunto de obras…en que con un estilo directo y lúcido, sin rebuscamientos, retrata diversos sectores de una población no por pintoresca menos real, y donde el terror está presente bajo diversas formas: la amenaza de una venganza pasional, el recuerdo de una deshonra, la confusión fanática, el deseo despótico, la ridiculez de los nuevos ricos. Las fuentes de sus historias vienen de los mismos orígenes: relatos de las abuelas, tradicionales de la clase media, juegos infantiles y crónicas íntimas”. Una autora de la cual se ha dicho que fue precursora del “realismo mágico. Ese elemento por lo menos, se hace visible para los entendidos en su novela Los recuerdos del porvenir. Con sobria y justa escenificación de El rastro por parte del grupo Galatsia Teatro y aplomada mirada de su directora, María Teresa Patlán Torres, el público visualizó no solo ese aspecto de “realismo mágico” que desprendible del nivel poético de la obra de la Garro sino que aprehendió sin regodeos ni medias tintas parte de los valores temáticos sumariados por la investigadora Ravell: la venganza pasional y el deseo despótico del hombre que, abrogándose un poder desmedido y castrante dentro de una mal llevada entidad machista finisecular, hace eco profundo y latente en la psiquis de la sociedad contemporánea sea esta la que se vive en tierras mexicanas o latinoamericanas. El trabajo creativo, conceptual, estético y artístico de este joven colectivo mexicano manejó con soltura profesional como se puede tomar un texto y una autora y ejercer no solo arte sino una aguda reflexión desde el escenario. La dirección apuntaló este sentido al proyecta como sombra ominosa del personaje de Adrián Barajas, el deseo de hacer sumisa a su consorte, de trastocar su vida por su inseguridad emocional y de género. Hombre y mujer campesina se dibujan en un mundo cosificado por elementos denotantes: el hombre embriagado de fuerza, desquiciado de desconfianza y marcado hasta con un signo edípico; la mujer, callada, insumisa, portadora de vida, que se enfrenta al destino pero que tiene clara su conciencia. Una puesta en escena vibrante en su esencia, propuesta sintética, austera de recursos pero encumbrada en su compactación visual. Sugestiva por el empleo de claves poéticas extraíbles tanto desde el eje de ese inmenso vestido que a modo de flor que se abre, de útero que se expande y contrae, de sistema gravitacional que impele y atrae parece regular como reloj biológico y existencial el drama tanto de ella / mujer como de su marido / Barajas / pendenciero desbocado. Un trabajo escénico con ritmo pausado, cadencioso tras la composición actoral creada por Celia Asenté para pintar con buen tino y energía minuciosa al personaje Delfina Ibáñez. Por su parte, la figura despótica y desquiciada del enloquecido marido, amante, apasionado y asesino que es Adrián Barajas fue asumido con certeza de sus recursos histriónicos por el actor Enrique Guillén Arguello de quien solo le acotamos la necesidad de estar más abierto al manejo / impostación de la voz debido a que las exigencia de la planta de movimientos (circular y pareciéndose al giro de las manecillas de un reloj social) se perdía o se acallaba. Ello es mejorable y si asume con reducción la capacidad de sincronizarse con lo lúdico de esas voces conciencia, esos figuras simbólicas del eco cultural machista social que caracterizaron de forma plausible los actores Juan Carlos Casas Castillo y Miguel Ángel Molina, se hubiese concretado un todo teatral digno de haberse llevado el laurel de Festea. Como cierre, se debe añadir que la iluminación y el manejo espacial de parte de la dirección crearon un plus que estuvo a tono con esa necesidad de crear una atmósfera relevante que hizo crecer el esfuerzo conceptual del grupo azteca. LECTURA SEXTA: EL ARBOL / GRUPO EL GLOBO Provenientes de la ciudad de Mérida (estado de Yucatán, México) el grupo El Globo, dirigido por la joven Ana Várguez, concretó con corrección y apego sustantivo al decurso argumental del drama trágico, El árbol (1963) de la autora Elena Garro. Propuesta percibida bastante compacta en sus términos, que no ofreció desviaciones conceptuales como tampoco ningún riesgo experimental. Posiblemente el gran respeto que los integrantes de este colectivo sumando a su juventud teatral les ató un tanto de manos en el sentido de buscar ostentar alguna clase de re-semantización al decurso de la trama y así poder accionar una re-lectura a la obra con lo cual, sin contraponer una actitud irrespetuosa hubiese sido factible ver en ellos que más allá de seguir la esencia dramática la puesta tentativamente hubiese recolocado lo sustancial de los conflictos en un contexto más contemporáneo e, incluso, haberle impreso una conexión con la recepción que no solo tiene el público merideño sino de otras regiones rurales y urbanas fuera de la urbe merideña. Sabemos que hay textos teatrales y autores que no son fáciles de asumir; la dramaturgia de la Garro parece tener esta cualidad y, sin embargo, siento que un atrevimiento que hubiese partido de una versión y/o adaptación hubiese potenciado el tema en un tiempo donde ya se aspira contar con referentes más acordes a los profundos cambios que sacuden a todos los estamentos socioculturales sean estos mexicanos, nicaragüenses, colombianos o venezolanos. La postura personal es de profundo respeto a lo visto. El trabajo escénico fue limpio, sencillo y compacto. Hubo determinación de la dirección de armar la fuerza de contrastes entre los personajes tanto desde el aspecto de solicitar una clase de imagen psicológica a los actores que marcase el devenir de opuestos entre la mujer niña que era representaba Luisa, mujer sometida a fuerzas opresivas de su entorno marital y un aparente destino ineluctable que la convertirá en un ser lleno de misterios, supersticiones que la empujará a ser una asesina. Por su parte, Marta, fémina con un estatus social sosegado da cabida a su amiga pero que quedará atrapada en la tela de araña mortal que teje Luisa. Dos mundos en opuestos, dos imágenes femeninas que interactúan sin complementarse donde el mundo rural supersticioso y sumiso queda enfrentado al mundo civilizado culto y con mentalidad de superación. La línea de suspenso de la puesta fue dado entonces desde lo propio histriónico de las actrices Claudia Navarrete quien con aceptable trabajo compositivo hace de Marta y su contraparte, Shimany Urrutia como Luisa, más hosca como cavilosa compuso un personaje avieso, turbado y que extrema el ascenso climático del drama. Sumado a una atmósfera lumínica que pudo ser mejorada ya que estaba en una cuasi penumbra y no supo ni zonificar ni ser gradual a fin de compactar lo que ocurría sobre la escena se vio que hubo intención de crear una planta de movimientos que fuese ágil e hilar escenas con intuitivo más no totalmente acento consciente de un carácter de tensión. Un trabajo teatral que mereció la atención del público. LECTURA SÉPTIMA: LA MALASANGRE / GRUPO HORUS Uno de los mejores trabajos vistos en esta V edición de Festea para los grupos nacionales dentro del segmento de colectivos emergentes fue, sin duda alguna, el expuesto por el grupo caraqueño Horus Teatro quienes dirigidos por parte de Jaime Feliu Cervi y con producción de Ana María Añez, concibieron con audacia y entrega de arriesgar a partir de muchas coordenadas, el montaje de la pieza La Malasangre de la reconocida dramaturga argentina, Griselda Gambaro. Una propuesta que tuvo muchos aciertos los cuales fueron desde lo conceptual, estético y artístico hasta la concreción de producción que tomó en cuenta un estudio de época para el vestuario (de Ana María Añez), crear un sostenible ritmo para la puesta en escena así como una vertical idea de lo que debía ser el diseño de iluminación con lo cual se ajustó los términos del trabajo histriónico en cuanto a tiempo, suspenso e interrelación de una escena con otra. La inexperiencia de la dirección se observó sólo en cuanto a su propio desempeño actoral (encarnó al despótico y premeditado personaje del padre) pero que exhibió varias fallas. Querer actuar y dirigir es asumir una responsabilidad que puede hacerle que algo no quede en su justo lugar; el hecho fue que como actor perdió concentración y no pudo contar con un atinado nivel para darle a su recurso técnico en la impostación de voz, matices e inflexiones un trabajo consistente; de igual forma, lució parco en lo plástico de su expresión corporal. Pero, con puestista, podemos decir que fue atinado ya que entendió y aprehendió el contexto socio político y socio cultural que la pieza de la Gambaro planteaba, situarla las precisas coordenadas de época y con poco hizo mucho y ello no creo confusiones hacia la recepción del público. He allí un director joven que sabe pararse frente al reto de hacer teatro con riesgo buscando los códigos y los referentes que articulen con eficacia las exigencias de un texto nada fácil de llevar y nada fácil de digerir para un espectador ajeno al subtexto ideológico que la autora expone tras La malasangre. Auguramos que si este talento nacional un trabajo persistente y perseverante, podrá sumarse con tino a lo que se espera ver como resultado de esta clase de eventos y que, se hace necesario contar para las nuevas generaciones de relevo en el campo de la dirección teatral venezolana. La respuesta vista del esfuerzo de compasión histriónico fue convincente y se le reconoce su integración a lo largo del tiempo que duró la puesta. Hubo en la casi totalidad de la plantilla actoral conformada por Milagros Durán, Orlando Alfonso, Treo Gutiérrez, Ana María Añez y Javier Contreras una visual de lo que debían ser los caracteres de personalidad de sus personajes, el tipo de interacción que se debía suscitar, una sensación de holgura en el manejo de texto y nada de regodeos melodramáticos. Un trabajo compacto y aplomado que por ello les permitió sumarse en equipo y que, a final de cuentas, recibieron el premio de la crítica. ¡Un merecido aplauso! LECTURA OCTAVA: PARA LLEVARLE A ROSITA / CACATUAS COOPERATIVA TEATRAL El cierre de Festea contó con un excelente trabajo teatral: Para llevarle a Rosita de la autora Griselda Gambaro a cargo del grupo argentino, Cacatúas Cooperativa Teatral quienes contando con la puesta en escena del director invitado, Mario Martínez no solo recrearon con asertivo celo histriónico y con solvente lucimiento de lo que la pieza exponía sino de un sabroso trabajo teatral que con dignidad expresiva, fuerza actoral y muchísimo desenfado no solo gano el Premio de la Crítica al grupo extranjero sino el sonoro aplauso de quienes tuvimos la oportunidad de verlas sobre la escena del Teatro San Martín. Un grupo que, a juicio de quienes fungimos como críticos, estaba –apelando al argot local- “fuera de lote”, es decir, que era un grupo / elenco profesional, con un palmare de experiencia y manejo acoplado, con sapiencia orgánica del texto, integrada por tres fabulosas actrices (Claudia Zaragoza, Gala Jáuregui y Milagros Reñé) que entraron a fondo en la psicología de sus personajes pero con un sentido lúdico y sincero que habla bien de una tríada de mujeres que han estado por años trabajando los personajes de Magda, Serafina y Elisa haciendo que cualquier guiño, mirada, silencio, pausa o movimiento, esté en concordancia orgánica de ellas para su trabajo de la actriz con el personaje como del personaje con las situaciones de absurdidad / cotidianidad donde estaban fijadas en la trama de esta jocosa pero dura pieza de la Gambaro. La lectura de Mario Martínez de Para llevarle a Rosita fue hilado con exactitud cartesiana, hay desde la sutileza de la particularidad colocar a tres mujeres atrapadas por un “micromundo” donde pareciese signado por lo onírico, la esperanza / desesperanza, el minimalismo de la espera, la reflexión cáustica de la vida, y una punzante visual sobre el mundo político social argentino en al época del presidente Menen y su ámbito de corrupción e imagen de un hedonismo fatuo. En ese sistema, Martínez la construcción de puesta en escena se adiciona al mundo de crítica e inflexión reflexiva que se deriva de la contraposición de los mundos donde accionan los personajes. La metáfora queda clara ante el receptor y quien se hubiese reído en la platea –el público venezolano tiende a ello- no es que no lo hubiese aprehendido en su totalidad pero parece impelido a reaccionar frente a la carga resonante del drama expuesto. Y aun así, más allá de lo provocador del texto gamberiano, de la certera capacidad de construir referentes a través de la puesta concretada por Martínez, se apreció que el espectáculo fluyó con un abierto desparpajo tan divertido que era imposible que la risa o el alboroto en la platea no emanasen con naturalidad. Para Festea, para el público que asistió así como para la crítica que apreció este regio trabajo -que ya lleva en su cuesta más de cinco decenas de representaciones desde el año 2006- reafirma que, con sapiente humildad, trabajo técnico riguroso, audacia para concretar sin desvíos un texto y proyectar pasión, amor y mística profesional al servicio deo oficio escénico, se puede edificar un espectáculo que es merecedor de muchos reconocimientos en cualquier fiesta teatral. ¡Bravo!