jueves, 18 de agosto de 2016

EL DOLOR DE PUEBLO TRAS LA HISTORIA DE JENÍN

Para la escena teatral del bimestre, Julio Agosto, una apuesta escénica logró conmover al público de esta urbe que es Caracas. La atrevida y sensible producción “En el tronco de un olivo” expuesta por el Colectivo Cultural Amak y con aplomada perspicacia de lo poético dado por Jericó Montilla, conmovió a quienes lograron verla los días sábado 13 y domingo 14 en el Teatro Nacional.

Un trabajo hermoso, compacto en su enmarcado estético, con rigor en cuanto a la instrumentación de atmósferas y con impecable manejo técnico en el uso de los aportes de lo circense para amoldar lo expresivo coreográfico espacial y de articulación de las seis actrices en su búsqueda de proyectar con soltura y mucha fuerza compositiva, un todo que quiérase o no, supo llegar al alma y conciencia de los espectadores.

El asunto dramático toca la perspectiva de la mujer en suelo palestino. De ahí, se abre un sendero discursivo que hace punto de contacto con el ominoso signo de sojuzgamiento de ese pueblo. En su trasfondo, está la firmeza de ese pueblo que se resiste a quedar acallado. Son capas generacionales que claman por dignidad y justicia frente a la arrogancia usurpadora. Es canto hecho gesta y lucha que se funde en amarga poesía capaz de denunciar sin ofender pero si, con ese inmanente deseo por dejar constancia de años de oprobio y contumaz imposiciones.

Por espacio de casi sesenta minutos el espectador se ve sacudido por una impactante plasticidad escénica que conmueve y genera callado dolor. Propuesta transdisciplinaria idónea para des-velar los crímenes y la arbitrariedad. Un todo espectacular que se envistió de rasgos de recia agitación y que propone que, el espectador tome una cuota de responsabilidad humana y social frente a su acto de recepción. No es teatro poético para el deleite sino para potenciar un acento de denuncia de un pueblo así como de varias generaciones que solo han sabido estar en perenne lucha para revertir lo que, en apariencia, va más allá del cruel acto de sojuzgamiento de una nación harto poderosa contra un estado que evita ser invisibilizado. Es poesía contra la desolación; es el dibujo de un canto de esperanza que se levanta como puño y corazón en cuerpo / imagen de mujeres que sabe decir somos el alma de esta sociedad palestina que aspira libertad.

La sencillez de la conjugación del discurso poético con el trabajo espacial apelando a una técnica austera con cuerdas y aplicación de coloraturas lumínicas y acentos musicales hicieron un clic efectivo para armar un todo contundente, lleno de ritmo, pleno de verdad, sopesado en lo dilatación dramática del gesto y la proyección corpo expresiva del grupo desde la escena hacia la platea.

En el tronco de un olivo, logró ser sintetizada desde el escrito del escritor Isaías Cañizales que permitió urdir un texto sobre una joven palestina, Jenín, que se erigió como la portadora de la voz femenina de un pueblo sojuzgado. Desde este texto ricamente escenificado por el Colectivo Cultural Amuk y la solvente dirección de Montilla se constató un trabajo pleno de sentido y con una potencia de significado.

Ello caló sin esfuerzo y con propiedad en lo propio de cada situación y a lo largo del tiempo de la representación. Trabajo hermoso en su unidad general y pulcro es su andamiaje técnico pero sublime en cuanto se proyectó una imagen de coherencia histriónica acoplada, sin exageraciones, correcta en intención y sabia en la dosificación de cada parte.

La historia de la joven palestina Jenín, se hizo épica en esfuerzo artístico dado por el trabajo compacto dado por las actrices Marcela Lunar, Valentina Cabrera, Nani Serrano, Sara Azocar y Ximena Zapata. Todas en función de una idea. La idea en sintonía con un mensaje. El mensaje armado como acto de fe en que sabe exponer / denunciar. La denuncia es arte. Y ese arte conmovió por su impacto. ¡Bravo! Mi aplauso en negro sobre blanco.

viernes, 12 de agosto de 2016

LA MICRO CRITICA: ¡LAS VENTAJAS DE LA INMEDIATEZ!

¿Qué es micro crítica? ¿El espacio 2.0 la favorece o la atomiza? ¿Cuál es el segmento del lector potencial de la micro crítica? ¿Ha sido definida o categorizada por algún académico? ¿Es un seudo ejercicio reflexivo? ¿Es crítica en tips o tips de la crítica? Y finalmente, ¿En útil o deleznable?

Empecé con algunas interrogantes; bastante aleatorias, eso sí. Lo cierto del caso es que hace cierto tiempo comencé a pensar/reflexionar si este asunto de estar on line en medios como facebook, tweeter, instagram o snatchap servía para llegar a un lector potencial con la misma eficacia que detenta un artículo enmarcado en un diario cultural o revista impresa especializada.

Incluso, me sazonaba un prurito que con ellas estaba efectuando cierto pugilato - más o menos eficaz - frente al ranking del tú a tú, que exhibe este s. XXI en el vasto universo de blogs y páginas webs que, sobre arte, cultura y espectáculos, uno haya al entrar por ese hueco negro llamado google que, atrapa todo y a todos cuando uno se aventura a surfear por la internet.

De entrada, son demasiados anglicismos y palabras que tienen implícitos fórmulas, códigos, maneras, estilos y formas para ese acto de colocar con idoneidad, cierta opinión más o menos coherente, emitir un juicio equilibrado despojado de la superficial coloratura del adjetivo o hasta de proponer una idea, más o menos profunda, sobre ciertos fenómenos propios del hecho teatral actual. Desde el territorio de un estreno, a lo disímil de un festival pasando por la densidad del viejo teatrista o enfrentar el vente tú experimental de un monólogo o aterrizar ante una fastuosa producción es tratar de ilustrarle al cibernauta lector que, una crítica aunque sea micro, es producto concreto, no rígido, no académico y que debe estar en formato no mayor de 140 caracteres.

Lo esencial es la comunicación inmediata. Hay que dejar de lado toda ortodoxia teórica o rigidez reflexiva. La micro crítica admite más de las veces, el ser más crónica argumentada que análisis de fondo. Eso sí, debe saber visualizar que es lo que hay que decirle al inquieto internauta. Debe despojarse del todo anclaje recargado e ir envestido de palabras sin adornos demasiados hiper teóricos.

La micro crítica debe estar apoyada con imágenes (fotos y vídeos no mayor de 20 segundos). Un reto para un cronista/crítico o viceversa que se haya habituado al teclado fijo del PC y le cuesta ser raudo con dos pulgares y celular etiquetado de inteligente. Surfear las redes. Expresar un parecer y no caer en la tentación de mucho so pena, de quedarse sin decir nada.

Seguiré buscando hallar más respuestas sobre este tópico. Mientras, daré ensayo y error en el intento. Las respuestas no creo que sean las que me imagino sino una oleada de nuevas preguntas. ¿Será que el teatro de 15 minutos – nada nuevo, eso sí – está tocando mis neuronas? Ese fenómeno tampoco es deleznable, ni digestivo. Tampoco, teatro portátil.

Es teatro de exposición de temas, de sombrear argumentos y prefigurar la dualidad de comedia - tragedia de personajes más o menos de este tiempo. Desde ahí, podría estar de las respuestas que me impone – no del todo - una actitud más laxa hacia la pragmaticidad de la micro crítica. Soy de la centuria pasada. Quizás allá estén otra parte de las respuestas. Por los momentos trato de descifrar como avanza esto del tiempo en la internet y la función real de la micro crítica en estos años iniciales del milenio.

Parezco un desnaturalizado Hamlet que posee en su mano la calavera de la duda, sino el celular de una certeza inexplicable: ¿La escribo o no? ¡He ahí el dilema! La micro crítica lentamente me está seduciendo por su rapidez. Pero, he ido detallando que, existe en consecuencia, una causa/efecto positiva: hay inmediata respuesta de lectores que, una vez que cuelgo la nota short una vez flanqueó la salida del teatro y trato de arribar a casa, surge su una abierta posibilidad de vencer la ansiedad de la reflexión tardía y el intuir que sí es posible hacerla. Y mejor aun, que hay personas detrás de tu smarphone esperando a que teclees, digas, opines e indiques tu parecer. ¡Pienso, luego tecleo!


jueves, 21 de julio de 2016

EN BUSCA DE EL ALMA BUENA DE SE- CHUAN


El pasado fin de semana dentro de una abigarrada cartelera de propuestas, montajes y producciones teatrales que, se exhiben en nuestra urbe, busqué una opción para ver, disfrutar desde el gozo artístico estético y, en el mejor de los casos, que me ofreciese un extra: calidad y una cierta capacidad de entregarme alguna clase de mensaje en este momento país/ sociedad.

Había algunas opciones pero, recordé que el Centro de Creación Artística del Taller Experimental de Teatro (TET) me había extendido una invitación la cual era, su propuesta El Alma Buena de Se-Chuan. Y decidí irles a ver. Salí en búsqueda de esa incógnita, de sí hallaría un montaje que no fuese una pálida aproximación, versión y/o adaptación de la pieza escrita por el dramaturgo alemán Bertold Brecht (1898 -1956) bajo el título: Der gute Mensch von Sezuan (El hombre bueno de Sezuan, 1943).

Y sí, ¡la hallé!; pero no el texto original, sino una versión justa, con cierto toque latinoamericano, con ingredientes no tan ortodoxamente ceñidos a lo que el autor en vida, efectuaría bajo la égida del Berliner Ensamble; una versión trabajada más sintéticamente para la visión de trabajo creativo de un grupo como el TET – que, en sus 45 años de actividad ininterrumpida, se ha situado en eje referencial de creación, formación e investigación del país- y cómo tenía que ser, hallé un Brecht cardinal e ilustrativo.

Su trabajo El Alma Buena de Se-Chuan a lo largo de su afiligranada puesta y respuesta histriónica, mantuvo esa medular sintonia con el momento de crisis de esta sociedad, con la capacidad de no traicionar el postulado temático argumental que hilvanó y asentó el distanciamiento y sus obligadas técnicas para el actor.

Un todo preciso, que evitó regodearse en la proyección artificial de la escena y que colocó esa barrera ante el canto ilusionista subjetivo. Fue, un trabajo que supo aprehender/proyectar lo que, Brecht asumía como sustrato tras esta pieza: una veta doctrinal sobre el correcto proceder.

Fue dialéctica reformulada para el espectador actual. Hubo con este montaje, esa viva correlación con un público y dentro de él, con cada espectador. Por eso, la versión a seis manos dad por Enmanuel Barroeta, Joe Justiniano y Lya Bonilla – esta última, la directora- catalizaron un texto justo, lúcido y preciso. La puesta, pues, llena del planteamiento dialéctico que obliga al espectador a cerrar, con su juicio, el final de esta pieza.

Desde la composición espacial pasando por la ubicación de los elementos escénicos que la conformaron, desde las sutilezas de la música en vivo (ejecutada por Boris Paredes, Beruzhka Paredes, Georgias Sánchez y Julio Alcocer) al técnico desempeño actoral de los maestros Guillermo Díaz Yuma, Costa Palamides, Carlos Sánchez Torrealba y Ludwig Pineda quienes lucieron excepcionales por saber apelar y emplear cabalmente su dilatada sabiduría histriónica en función del reto compositivo para este reto espectacular; acompañados por la eficacia del manejo en sus respectivos papeles asumidos con entrega y fuerza por parte de Mónica Quintero, Héctor Castro, Dixón García y finalmente, a Matilda Corrales que, esta vez, la sentí un tanto desenfocada a pesar de ser magnífica actriz, a Alí Rondón, Jariana Armas, Louani Rivero, Aromai León, Vera Linares y Andreina Salazar.

Vestuario, iluminación, elementos escenográficos, imagen, producción general todo hilado a fin que, El Alma de Se-Chuan en su corta temporada, sea lo que un espectador exigente debe ver y disfrutar. Si usted la busca: ¡la hallará!

Reseña publicada en El Mundo Economìa&Negocios, Julio 2016

domingo, 10 de julio de 2016

AVENCRIT: ¡CON TODOS Y PARA TODOS!

La crítica teatral en el país, siempre ha sido un tema sensible de tocar, y espinoso de tratar. Nunca ha sido fácil. Unos, la ven como necesaria; otros, algo a execrable. La figura del crítico, aceptada a medio tragar, si es benévolo y objetivo; rechazado, si osa ser injusto, subjetivo y con actitud soberbia.

Claro, aun cabe la eterna pregunta: ¿Se necesita de la crítica de arte? No hay, al parecer, algo firme en este territorio. Sin embargo, en este país cultural, acción que conforma la figura del crítico teatral comporta una serie de aristas, como por ejemplo, responder: ¿Cuál es su papel? ¿Cómo debería ser su función? ¿Qué determina el rol del crítico? Tres caras, hasta ahora, que no tiene aun piso firme para precisarse.

Quien suscribe, ha buscado, por más de treinta años, ubicar alguna pista firme, algún indicio que, permita responder con cierta clase de propiedad, parte de las disímiles facetas de su accionar. ¡Rudo y difícil! No hay aun, en este aquí y ahora, una respuesta definida.

Pero, hay que proseguir. La balanza que mide al crítico de teatro debería ser delineada con seria investigación, actitud equilibrada ante el fenómeno del hacer del artista escénico, las propuestas de puesta en escena ofrecida por grupos y compañías teatrales o, lo planificado / expuesto los entes culturales que tocan esa arista, con un criterio serio y despojado de matices que opaquen su juicio de valor.

Ésta, la moral y la actitud profesional; ya ellas, implican un determinante de peso que, no puedo extenderme en estas pocas líneas. En fin, ¿Qué he dejado fuera y aspectos solo he insinuado? Creo, que ello daría un denso material para un caliente como largo debate con los demás y no tratar de responderlo, desde mi ombligo personal.

La razón de esta breve reseña, se da no para discernir los aspectos arriba apenas insinuados sino porque, en hora un tiempo de cambio y renovación para la Asociación de Venezolana de Crítica (AVENCRIT) que, en este 2016, llegó a su cuarto año de haber sido fundada. Ya para 2013, se había generado tras varias reuniones, de un grupo de personas que efectúan el seguimiento del quehacer escénico así como de actividades periodísticas en el área, la investigación como académicas, el deseo de reagruparnos.

A sabiendas de tener posturas ideológicas disímiles, perspectivas sobre el hacer a veces en coincidencia, en otras, en disonancia, se buscó un punto medular común: unirnos para desde allí, posibilitar algo parecido a un gremio.

Paso a paso, de cada discusión, de cada separación de ideas y aunando una bandera que nos cohesionase, se dio el paso de conformarnos. En 2013, su documento legal ya definía su visión / misión y objetivos. Como Asociación Civil su objeto sería “el desarrollo y el fomento de la actividad teatral en la crítica y las investigaciones teatrales, así como la elevación cultural del pueblo venezolano en todo lo relacionado al género teatral” Una primera Junta Directiva cuya lapso de acción sería de dos años.

Debido a que, no se disponía de sede, recursos o apoyos, se unieron fuerzas con otros entes y por espacio de cuatro ediciones, su accionar solo concretó la entrega de Los Premios de la Crítica 2016.

Bien recibido por el sector teatral; pero, ello no debía ser todo. Ahora, tras lograrse el cambio de autoridades, la consecución de otras banderas, hará que este colectivo persiga concretar otras actividades que vaya más allá del simple reconocer. Será oportunidad para dialogar más con el sector teatral, de generar acciones de reflexión, de crear espacios de intercambio, de coadyuvar a dinamizar el sano y constructivo debate y, sobre todo, estar con y al lado del teatro venezolano. Para ello, una nueva filosofía: ¡Con todos!, tratará de que más que una intención, sea una realidad. Así lo esperamos y así lo buscaremos.

Son tiempos de sumar y de seguir creciendo en, por y para el teatro nacional. Ojala todo sea más que un sueno y no mero artíficio de intención.

Nota Publicada en: El Mundo Economía&Negocios / Julio 2016



ACTUALIZANDO: NOTAS REZAGADAS (7)

MAJABÁRATA

La oferta de la cartera teatral capitalina a veces, muy dinámica, a veces regular y, por lo general marcada por una mixtura que, descoloca a un espectador que desea seleccionar una opción apropiada dentro de sus gustos.

¡Ah, hable del gusto! Pero, también no hay que dejar de lado, elementos soterrados que inciden de forma consciente e inconsciente en su focal dilema si la producción escénica o espectáculo teatral sea cual fuese su variante, está sustentada sobre un texto clásico – antiguo o contemporáneo, sea este foráneo, latinoamericano o nacional- , está claro, que sea una pieza conocida o no, la marca de género pesa.

Lo anterior quiere significar que, un grueso del target que constituye ese público que asiste a producciones escénicas tienen en mente si es comedia o drama. Un factor que hará que, su decisión, se encamine si desea evadir, entretenerse, divertirse o, sencillamente, obviar las presiones de su día a día.

Hay algo cierto, en este país, no hay estudios ni indicadores que establezcan los porqué el público va a consumir teatro. El fenómeno ha caído es el ámbito de algunas especulaciones poco sostenidas como indagación del fenómeno que hable de lo que ciertos especialistas, con tono académico engloban como la teoría de la recepción. Lo cierto es que, sean críticos o puntuales investigadores de la comunicación han expresado aquí y allá, que, el comportamiento, dinámica y relación teatro / consumo está en auténticos pañales.

Hablar de esta teoría de la recepción es entrar en un meandro especulativo. Algunas veces, hay artículos muy bien delineados que, se han aproximado a este fenómeno con marcos teóricos y conceptos elaborados por investigadores foráneos cuya preocupación sobre este esquivo asunto, les ha llevado a formular dictámenes, conceptos y afirmaciones que –en mi personal juicio- solo responden a explicar lo que sucedió en un espacio / tiempo y en un marco socio cultural específico.

Son eso sí, valederos si se extrapolan con mucha flexibilidad al hecho de la recepción, al estudio del gusto o, las circunstancias que marca la decisión de de un cierto segmento del público sobre: ¿Por qué va a esta sala / teatro?, ¿Por qué se inclina o no, a ver comedia o dramas?, ¿Influye o no, saber o conocer sobre la constitución artística del staff actoral?, ¿Este está conformado por artistas mediáticos o no?, ¿La propuesta a ver, se deriva de algún factor, suceso o aspecto que se noticia dentro del seno social en un lapso dado?, ¿Es una propuesta que, por su peso histórico o por es producto de un artista de renombre que le asegure lo que su expectativa desea satisfacer?, ¿La obra o producción escénica ha tenido un profesional trabajo de marketing (léase, mercadoténica) donde la publicidad, por medio de volantes, pancartas, spots televisivos y ahora, con el influyo de las redes sociales – que va desde el facebook al ultra populartwet o, del instagram a cada vez disminuidas listas de correos electónicos – le sugiera que, ese es: el producto “artístico cultural de moda” que no puede dejar de ver?.

Para no extender abrir un sin número de otras interrogantes, concluiré con esta: ¿No será que la propuesta escénica y el grupo teatral asume como proyecto de montaje va por lo seguro a sabiendas que cuenta con un público cautivo?

Como usted podrá entender, amigo lector, estas y otras variables se conjugan en el subconsciente del espectador al momento que este tomé esa sencilla o compleja decisión de ir al lugar de solaz.

Y, sin embargo, sea que decida ir al teatro o opte por ir al cine – el cual ya tiene consolidado un grupo de claros factores publicitarios y promocionales que se irradia sobre la toma de decisión del espectador al momento de consultar la sección de arte y espectáculos con el fin de curucutear que opciones se ofertan y dar ese pequeño / gran paso de invertir tiempo, dinero y seguridad para dirigirse directamente a pasar un sano como tranquilo rato de solaz en el lapso de un viernes al fin semana.

Si lo anterior no es algo que haya sido dilucidado de forma consciente por el público, debo dejar algo acá sentado: no es raro oír en las colas de los lugares donde se exhiben estos trabajos o, en los pocos foyer de teatros de Caracas, cuestiones como: que el factor ubicación de los mismos, en estos tiempos, les garantiza un grado de distención, que bueno o que malo que estos no tienen un ámbito para compartir con sus amistades sobre lo que han de ver mientras consume algún refrigerio; que ese teatro o sala cuanta o no con un estacionamiento aledaño y seguro para dejar y retirarse con su auto y, finalmente, si la conjunción de ubicación de la sala / teatro en la ciudad sumado al sube y baja de los horarios implica o supone el inocultable factor “seguridad” que, constriñe a esta población.

En fin, hay factores y elementos que se unen aleatoriamente en la toma de una decisión para seleccionar / escoger que ver, sea teatro, cine u otra alternativa como los shows o la creciente moda de los stand up comedy.

Como se ve, son tantas las múltiples aristas que inciden en una toma de decisión del público sin tener que hacer teorías o sesudos análisis sobre la estética de la recepción o del gusto. Una vez, leí en un libro escrito por Sergio Arrau, titulado Dirección Teatral (Celcit, 1994) y en la sección sobre el tópico del «teatro comercial» argüía que su “objetivo fundamental [era] el lucro” Desglosaba con habilidad que: “El teatro es un negocio y como tal debe ser rentable”.

Y, más aún, enhebraba la cuestión sobre el aspecto del «Arte» dentro de lo que era o no aspecto comercial. Para no irme a honduras, solo dejaré una cita de él: “Pero hasta el teatro más “puro vende su producto”.

Pero, ¿Qué tiene que ver todo este preámbulo si el nombre de la columna está orientada a exponer una opinión / reflexión en torno de una propuesta escénico que hace unos días constaté en La Caja de Fósforos, de Bello Monte bajo la producción del grupo Teatro del Contrajuego y que, ustedes pueden aun ver que se promociona / publicita sin tanta ostentación en la cartelera de espectáculos de esta urbe y cuya temporada – bien curiosa, ya tiene casi un mes de exhibición – y usted puede optar por ver en estos días finales de Mayo?

La respuesta más rápida que les puedo decir, serían todas y muchas otras más que no daría pie a que lo acá insinuado sea una sencilla crónica / crítica sino más bien, una reflexión con tonos académicos. Parto de lo didascálico – referido al título de la producción – Majabárata. ¿Es tentador decir con riego a equivocarme que muchos dirán que es eso? ¿De que se me trata de ofrecer como alternativa para pasar un rato ameno?

Sé, que un cierto número de ese “público cautivo” que semana a semana llena el pequeño espacio de La Caja de Fósforos sepa o ya se haya informado de lo que se trata, acude y plena de bote en bote, su aforo. Esto es digno de estudiar y/o analizar. Empero, ¿Qué pasa con el resto de los demás espectadores curtidos o no, en eso del ir y ver teatro “comercial” o de “arte” frente a lo que significa asistir y ver el Majabárata?

Algunos, en su momento, por curiosidad habrán leídos en las secciones de arte y espectáculos de ciertos medios impresos o en portales dedicados a cultura, que en días previos a su estreno, lo que se pretendía concretar. Era, advertir que, lo que iría a ver no era ‘teatro teatro” sino una versión o adaptación del universal poema clásico hindú, que refiere sobre mitos cosmogónicos de esa sociedad y cómo tras de esto, subyace un estrato filosófico que, cabe muy bien pensarlo, desmenuzarlo y ver cómo nos toca como personas del mundo occidental.

Un aspecto insoslayable es que para la dinámica teatral de esta ciudad y del actual momento creativo que hace el teatro caraqueño, las búsquedas que se plantean y concretan por este conglomerado que se une en La Caja de Fósforos se han puesto como visión / misión de unir todo el potencial de creadores, artistas diseñadores y realizadores con larga trayectoria y corta experiencia pero que, inscritos en este singular espacio del arte y cultura local del Municipio Baruta, es sintomático que el riesgo y la osadía, que lo formal y lo experimental pueden ir de la mano. Que hasta uno podría decir que el teatro de arte es comercial si se quiere solo decir que, el fenómeno de la taquilla es un éxito a pesar que sus costos son, en la actualidad irrisorios.

Como grupos y como unión de grupos hilados en ese espacio baruteño, está bien clara, una consistente apuesta a no ofrecer piezas lights, superficiales o evasivas. El compromiso es que el registro de las obras y piezas (originales, versiones o adaptaciones) del repertorio clásico antiguo o contemporáneo deben ser expuestas desde el rigor de la calidad.

Por tanto, el riesgo es esta oportunidad fue ir en pos de ese elemento pre teatral, de una búsqueda donde lo sugestivo de lo oral, lo sorprendente de ese extraño panteón de dioses, deidades y humanos que rigen lo sagrado de las creencias de lo que conforma las denominadas castas como se divide la sociedad hindú, esa zona magnética y poco conocida del oriente del planeta como lo es la India, se muestre con toda su potencia seductora. Y lo han logrado.

Un trabajo que, apenas uno llega, vislumbra como inusual porque tanto Haydee Faverola, Diana Volpe y el mismo director, Orlando Arocha, están fuera hablando y departiendo con los conocidos y amigos. Se da el toque de entrada. Uno ingresa al espacio junto con los ¿actores o personalidades? Se denota un dispositivo donde hay referencias a deidades hindúes que no citaré acá. Unos cojines, una mesita, una atmósfera no verbal que inquieta porque no es la típica escenografía sino una ambientación donde elementos culturales referenciales proponen al lector / espectador, una pre lectura de lo que acontecerá.

Una vez dispuesto el acto, Arocha junto con sus compañeros de aventura escénica nos dicen y reiteran que será el poema épico Majabárata. Que es algo que, en la sociedad hindú, es significativo, es medular, es propio de esa milenaria civilización. Qué por la extensión del poema épico, ellos harán síntesis. Esto es lo único que siento que una vez dicho, quedaba fijo y no se debía reiterar. La obertura si se puede decir de alguna forma, se explica al espectador; se aclara que significa la palabra / concepto Majabárata.

De ahí en adelante, se apelará a que, el espectador sea capaz de correlacionar lo que habrá de ver; que su imaginario supla lo que la palabra propone por los histriones; que cada suceso de esa epopeya épica por más comprimida o sintetizada que se haya hecho suponga en la recepción de quien mira / oye, lo expuesto, una gestalt.

Cada escena o grupo de cuadros, cada imagen tiene una carga de simbolismos que son pistas y señales que apuntan a servir la solidez de lo dicho / mostrado y que es, a final de cuentas, eje central que soporta y proyecta en nosotros la fuerza de la palabra / acción.

De ahí, surgirá el misterio. De ahí, emanará lo cautivante. De cada maleta sacan libros y, dentro de ellos, las figuras (retratos bien delineados) de los más representativos personajes que se oponen: dos clanes que a pesar de estar ligados por ser familia (primos) no tardarán en contraponerse en una gesta bélica de tono cósmico. Se trata pues, de una forma de teatro oral.
Se insiste, que en la construcción de ese poema hace miles de años atrás, el rapsoda y los personajes, que los personajes aludidos y los dioses parecen tener una capacidad de explicar y explicarse, que los actores o ejecutantes no interpretan sino que cuentan.

Con el transcurrir de la propuesta, cada uno de estos histriones, hace un mutis; se van detrás de una especie de ciclorama cuya imagen es la del Dios Ganecha. Cuya poder icónico, da magnificencia a espacio ¿ceremonial, ritual o de representación?, que la plantilla histriónica ha concebido. El público, incluso, será invitado a formar parte de la representación pero de forma de proyectar y/o sostener la arquitectura de lo que se narra y muestra. Usarán semi máscaras cuya imagen alude a los personajes descritos. Ellos tendrán una doble retribución; son parte del evento escénico y al salir, recibirán una taza de té. Un acto polisémico si se quiere.

Un hecho teatral ritual / ceremonial que rompe con lo que estamos acostumbrados a confrontar en la dinámica escénica de esta Caracas nuestra. He allí, lo fascinante y lo que a todos, nos marcó al salir de este proyecto, que no es teatro de arte, no es teatro comercial es un acto con resonancias místicas que, sin ser profundamente invasivo a nuestras creencias o nuestras formas de recepción, nos cautiva, nos atrapa, nos crea una sensación de agrado y complacencia que, sigue proyectando que, en La Caja de Fósforos está eso que, uno como espectador debe estar atento, que uno como parte del público, reconoce como calidad y sale agradecido más allá de lo normativo del gusto personal o de las expectativas que, por lo general, conforman el cruce de criterios con otros colegas o gente del medio teatral de Caracas.

Este Majabárata contó con la sumatoria de diseños de Raquel Ríos (vestuario); de la sensible y afinada pintura escénica de Luís Alejandro Villegas / “Spinetta”; de la exquisita elaboración de máscaras de parte de Olga Marín; del concepto / realización de los libros por parte de Misael Carpio quien fue apoyado por Dionisio Arismendi en la facturación gráfica dentro de esos libros y máscaras.

Un trabajo del espacio concebido de forma especial por Arocha, quien además, retorna no como actor sino como relator y deja bien parado muestra percepción que él da para mucho. La asistencia de dirección de Lissy García, la producción de campo a cargo de Mateo Cestari y los diseños gráficos de Carolina Torres. Un trabajo que, no calificaré como siempre de bueno, de regio o de sobresaliente sino de inusual sorprendente y cautivante. Todos, desde Diana Volpe a Haydee Faverola están justos, dispuestos y con esas ganas de artista que sabe y entiende que, hay que sorprender al público. ¡Gracias por esta fascinante experiencia!

Nota publicada en Eljojoto.com /junio de 2016

sábado, 9 de julio de 2016

ACTUALIZANDO: NOTAS REZAGADAS (05)

YERMA SEFARDI O, COMO LORCA ES UNIVERSAL

Antes de hablar sobre una versión y puesta en escena efectuada por Johnny Gavlovski E. para la obra, Yerma (1934) del dramaturgo y poeta español, Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1936) que, fue exhibida por El Nuevo Grupo de Teatro de Habraica hace unos días atrás, en su acogedor teatro. Debo dejar claro, primero, que, lo visto aparte de ser una peculiar propuesta se inscribe como teatro amateur. Y segundo, que todo el conjunto de este montaje, es loable. Lo segundo, lo ampliaré más adelante.

Sobre lo primero, o deseo exponer que, el término cree prurito o connote algo despectivo. Solo trato de separar una cosa, de otra. Para ello, trataré de ampliar las orillas del término, lo cual me obliga a parafrasear lo que expone Manuel Gómez García en su Diccionario Akal de Teatro sobre el respecto y que nos hace entender que teatro “amateur” [para él, de ˂aficionados˃] es esa excusa que fundamenta cualquier entusiasta afición por el arte y, en especial, por el teatro.

Incluso, siendo este trabajo teatral, el resultado artístico de un club de teatro con una definida vocación / trayectoria en el quehacer teatral underground no profesional, se ha constatado que, ellos han sido capaces de sumar a reconocidos artistas de la escena (actores o directores) para crear una función catalítica en su persistente acción cultural; la cual no sólo es para recrear o dar gozo a los miembros de dicha institución sino hasta de competir con holgura, en el notorio Festival Inter Clubes que, año tras año, les aglutina en reñida pero lucida confrontación.

Este esfuerzo de conjunto del Nuevo Grupo de Teatro Habraica, bajo la batuta de Gavlovski, acomete una acción de versionamiento del texto lorquiano para irradiar ante el público, ciertas líneas temáticas sobre “el deseo, amor, envidia y los sueños rotos de una mujer yerma”, es decir, que por razones de su falta de conjunción marital o si es hasta propio de lo físico de ella – o hasta de él – supone, no poder concebir.

En un contexto rural y mucho más, el que vivió Lorca en la España de su tiempo, las tradiciones, la idiosincrasia, lar formas de organización de la moral del grupo como las interrelaciones de los individuos, arman una invisible pero poderosa ola de moral y un oleaje maledicente sobre aquella fémina que, tras años de unión marital, no fuese capaz de concebir.

Sobre esta premisa, este grupo teatral trabajó más de ocho meses y substanció una producción donde el mundo judío sefardí y las tradiciones de la noche nupcial berberisca se funden en un todo. El resultado: una Yerma que sigue estando viva en su sentido de ser un teatro universal. Que más allá de las formas o del contexto donde se trate de ubicar el drama, si hay respeto a la esencia del autor y la pieza seleccionada, su carga de mensaje habrá de llegar con fuerza, con sentido de metáfora, con capacidad de decir cosas.

Esta Yerma de Hebraíca, expuso en fondo y en forma, esto y ello, se aplaude. Fue una apuesta hilada con aplomo, con sentido estético, con ganas artísticas y con ese sentido de hacer que, el teatro no se convierta en mero espectáculo para unos pocos sino para ser digno y, ¿Por qué no?, hasta de estar a la par de grupos llamados profesionales.

Como coda, daré un aplauso en negro sobre blanco a: Alegría Benzaquén (Yerma), Morella Biaggini (Vieja Sol), Nissim Cojocaru (Víctor) así como a Abraham Jaifón, Jaime Lobatón, Ariel Medina, Jhonny Benchimol, Daniel Beniamini como a Etty Mizrahi y, a todos lo que, por espacio, no puedo nombrar.

Su trabajo fue estupendo. Su logro aplaudible. Su capacidad energética bien aceitada. Una Yerma que, desde mi personal visual, es un logro y un esfuerzo que debe seguirse mostrando.

Nota publicada en: El Mundo Economía&Negocios / Junio 2016

ACTUALIZANDO: NOTAS REZAGADAS (04)

TAL PARA CUAL

Dentro de una cartelera escénica que ofrece una gama de opciones tan diversas, la comedia sigue siendo hasta ahora, la opción más atractiva para un espectador ávido de escapar de tanto problemas. Pero, casi siempre, hablar de teatro evasivo, teatro superfluo, teatro para divertir parece conllevar una que otra carga para el público o se le trata de teatro comercial o, sencillamente, verlo como una fórmula de espectáculo ligero donde pueda, por espacio de un lapso dado, desconectarse de todas aquellas presiones que la vida cotidiana conlleva.

Sin embargo, nuestra cartelera de teatro exhibe desde dramas agudos, pasando por propuestas escénicas que exponen marcas de experimentalidad trabajadas desde ese riesgo asumido por triple alianza dada entre el director, el dramaturgo y el productor.

También se puede constatar, en tanto en tanto, que, muchos montajes pueden aun sostenerse con monólogos o una mezcolanza de adaptaciones, versiones de textos clásicos antiguos a obras contemporáneos. Pero también es fácilmente detectable, un segmento de producciones exprés que dentro de la moda del llamado teatro de un cuarto de hora juega con una diversidad de fórmulas que son difíciles de encasillar.

Es por tanto, una cartelera ecléctica. Lo cierto es que más allá del teatro de arte que una que otra vez irrumpe con sus magistrales propuestas, se percibe como la presencia de fenómeno de los stand up comedy han ido conformado un núcleo singular dentro de ella. Y esta modalidad tiene sus más conspicuos representantes artísticos hasta la presencia cada vez más creciente de notorias figuras del teatro y de la televisión que, pulsando el gusto del público, se aventuran en acercarse a esta modalidad que, no es totalmente estructurada con improvisaciones o sujetas al corsé del gag.

Pareciese que hablar del comportamiento de la cartelera de espectáculos de esta urbe, es algo nada predictible. Y, con todo, ya está siendo más visible que ante la tradicional fórmula de la comedia –que puede estar edificada para que el público la pase sin complicaciones hasta algunas que otra experiencia espectacular con acentos de tono socio crítico muy particulares- y esto, es como siempre, un reto, porque, lograr captar el fenómeno del éxito, es pues, el santo grial de todo grupo o de algunas casas productoras. Por tanto, hablar de uniformidad de la cartelera teatral de Caracas, es algo que se debe revisar semana a semana, so pena de categorizarla de forma unívoca.

Una variación del emergente stand up comedy el cual se arma sobre la esa capacidad de un comediante, que tomo uno o varios asuntos que va de lo propio de la cotidianidad, otros, del mundo socio político actual hasta los más desinhibidos que, sostenidos desde el chiste grueso, la improvisación más desparpajada hasta con cierto esquema de escenas graciosas prediseñadas, buscan generar le rápida empatía de la platea. Por lo general, son figuras que ha tenido una proyección mediática en otras áreas o histriones cuya fama y notoriedad en el quehacer les garantizan pues, una conexión de interés con ese espectador que poco frecuenta el teatro como fórmula de arte semanal.

Uno y otro, han intuido que, la risa y la capacidad de romper con el esquema de producir show, está sobre ellos, no requieren de puestas en escena convencionales, solo quizás algún acompañamiento musical y a lo sumo, una buena silla para semi descansar y una disposición espacial acorde a lo que tenga en mente a la hora de generar ese puente entre su espectáculo y la recepción en vivo, del espectador.

Claro está que, el stand up comedy, no requiere, por lo general, del teatro convencional sino de cualquier ámbito que se preste a que ese tipo de show interactivo fluya sin inconvenientes y va desde un anfiteatro a un local tipo casino. Lo esencial, en dos factores: primero, que el artista haga descansar su presentación sobre la potencia de exponer cosas plenas de humor, hiladas con ironías, sarcasmos, dobles sentidos, retruécanos de palabras, frases chisposas y saber que debe hilar fino, es decir, que el ritmo es algo que dispara el humor. Entiende que, no se puede dar el lujo de pensar mucho, que debe pescar en el aire, cualquier reacción o giro de actitud del público e hilarla a su favor. En segundo, lugar, que este divertimento demanda pocos elementos para su puesta en escena pero eso sí, una excelente microfonía inalámbrica.

Sin caer en una taxonomía de esta fórmula, he tomado una variante expuesta desde hace poco en la cartelera como lo está siendo el espectáculo Tal para cual Up&down que se estrenó el pasado 06 de mayo en uno de los espacios de BOD Cultural de La Castellana, por la productora Jota Creativa. Se trata de un texto – y digo texto y no improvisación aunque usualmente se da cierto toque de ello en plena representación- escrito por el talentoso director y dramaturgo, Javier Vidal y dirigido por la actriz, Julie Restifo.

Un trabajo sostenido como queda en claro, por dos rutilantes personalidades del mundo escénico y televisivo. Dos auténticas figuras que han marcado una huella individual como en unión sobre el reconocimiento de lo público artístico. Para nadie es cuestionable que su marca de brillo como artistas y creadores está imbuida de respeto y admiración. Su trayectoria ha cosechado en lo profesional, una sólida calidad artística y una pertinente respuesta creativa.

Incluso, para nadie es secreto que han armado una solvente unión de pareja cuyos frutos han sido sus dos excelentes vástagos: Josette y Jan Vidal. Pues tomando lo mejor de su vida en común como artistas unidos con ya treinta años de matrimonio, han concebido un “guiño autobiográfico” donde las altas y bajas de esa unión, en la cual, las subidas hacia el éxito el saborear las mieles del romance y el amor así como los descensos -no al fracaso de una profesión- sino de eso que denomino la existencia en pareja con sus traspiés en el terreno de su quehacer, le han ofrecido una magnífica oportunidad para construir este Up&down Comedy, el cual, se desmarca del esquema anteriormente expuesto.

Ya la marca de la improvisación es dejada casi al 90& de lado, el chiste grueso excluido en su totalidad, las exageraciones maniqueas, obviadas. Un trabajo que, coloca esa dimensión de lo humano, lo divino en justa proporción. Una apuesta a auto regocijarse sin miedos y con la certeza que, el público, se hará cómplice de un relato donde la música, el canto y lo audiovisual arman un todo compuesto para que no sean solo ellos el centro de atención sino que, un país, ese espacio geográfico que es Venezuela sea se transforme en marco histórico desde la década de los años ochenta del siglo XX a nuestros días.

En ese mosaico anecdótico con humor calibrado, con soltura escénica tanto de Javier como Julie, nuestra urbe sitúa a dos personas que, unidas en sus querencias, sus desavenencias, en sus rabietas, nostalgias y deseos del uno por el otro, conforman y moldean la dupla de un Tal para cual.

Un trabajo sencillo en apariencia pero no lo es así, porque no está solamente sostenido en la fuerza de estas dos magnificas figuras sino en toda una apuesta a que el empaque sonoro con canciones harto conocidas son argamasa para colocar los bloques del desamor, la infidelidad o del reencuentro y la constancia en seguir el uno con el otro, también tenía un puntal visual referencial (creado y diseñado por Miguel Marsan en Vídeo Arte) que da contraste a que es su discurso dramático.

Es una apuesta a decir mucho con poco. Y qué bien lo hacen. Logran que el espectador se magnetice, se identifique, se acerque sin un morbo voyerista a una historia y un grupo de anécdotas que, con perspicacia, desenfado, con hilos nostálgicos y con acento de esperanza, hacen que se cree una atmósfera especial.

Eso es un buen up&down comedy que se desearía ver con más frecuencia en los espacios de esta urbe. Julie y Javier duchos en la escena, gozosos en la caracterización del personaje (eco de ellos mismos), con ritmo fluido sobre el pequeño entarimado iban y venían sin contratiempo y con ese ojo perspicaz para colocar el acento, la crítica, el comentario, la ocurrencia en los gags se soltaron en esa casi hora y media con la delicia de dos artistas que se unen y se juntan, que se complementan y se diversifican para crear más que divertimento, una vaporosa sensación de júbilo compositivo que se irradió con sencillez a todos y cada unos de los que los vimos esa noche.

Tal para Cual contó con la solvente producción asociada de Samuel Hurtado, las sutilezas lumínicas de José Jiménez, el aporte coreográfico de Taba Ramírez y la callada pero efectiva presencia de Silvia Vidal en la asistencia de dirección, que junto a otros amigos y amigas de Jota Producciones, permitieron que esta propuesta calase como un producto fino y bien cuidado en su forma de ser mostrado al espectador y que el fondo estético conceptual dado por la dupla Vidal/Restifo descasase de manera unívoca en cuanto a que el todo si es más que la suma de las partes.

Tal para Cual es una propuesta que debo recomendar a los amigos y amigas que me leen y sé que les encantará. Y no me arriesgaría a decir que, más allá del costo del boleto, más de uno, repetirá.


Nota publicada en el portal digital: Eljojoto.com / Mayo 2016