domingo, 15 de noviembre de 2009

EMIGRANTES

El Teatro Dramma retorno con el rigor y peso teatral que nos ha tenido acostumbrado a la sala de la capital. Con el estreno de la justa adaptación y solvente dirección escénica de la pieza Emigrantes (1974), del escritor polaco –francés, Slawomir Mrozek (1930), en la Sala Experimental del Celarg desde el pasado 13 de noviembre, colocó ese acento crítico reflexivo desde la actitud de trabajo individual como colectivo sobre una realidad que, tiene validez significante ya sigue sacudiendo las conciencias y estremece la sensibilidad del espectador más recatado. Discurrir sobre el asunto de la intolerancia en este tiempo es pertinente. Los tiempos políticos sociales del país parecen ser la diana donde el escalpelo sagaz de una mujer prestada a las dos agua creativas como lo representa los sistemas solares del teatro y cine como lo sabe hacer Elia K. Schneider hace que la palabra se explaye como una gota de aceite en el alma de la conciencia colectiva. La trayectoria del grupo Teatro Dramma en nuestro país ha sido puntual para que, desde las tablas, cada pieza proyecte no el sencillo gozo estético o procurar inflexionar las necesarias preguntas que el espectador inteligente debe derivar de la confrontación de sus espectáculos. Es más que eso: ¡es asistir a un suceso que sacude la emoción por constatar que el arte es instrumento que comunica y hace significante el oxígeno de la vida! Elia Schneider se acompañó esta vez, de un nutrido equipo de gente joven. Articularon con obstinada preocupación, la factura artística, estética y conceptual de este solvente trabajo teatral. Supieron colocar pulso, ritmo y coherencia en la edificación de un constructor que emanase, sin asomo de dudas, rigor profesional, exigencia conceptual, agudeza estética en el empaque del montaje para darle plataforma a la fuerza histriónica que discurrió las tablas. De la escogencia descanada de escenografías corpóreas donde el espacio formulado bajo una inclinación brookiano que fuese trampa / cárcel / confinamiento, la plomiza coloratura visual en cada objetos, ropaje y sencillos accesorios a fin desde lo no verbal crear vínculo feroz con lo cerrado de dos mundos; la sapiencia en equilibrar volúmenes en proporciones equidistantes para señalar ideas / sentidos de vida de cada personaje - situación y, una iluminación que marcó su compás para una atmósfera que adicionaba opresión en esas conciencias en juego dialéctico hacía que la base sobre la cual los óptimos histriones como lo son Paúl Gámez y José Manuel Peña ofreciesen una composición de personajes comprometidos en su fuero interno e irradiar no solo el discurso dramático sino de ir más allá de ese claustro de desesperanza sin ventanas, llenos de tubos y que, separados por una línea espacial como mental, hacía que sus ideas / aspiraciones a veces marcadas por la melancolía, a veces por la desesperanza permitiese dar cierta luz al final del túnel: que cualquier país que se impregne de plomiza intolerancia ¿podrá tener su luz de reconciliación? La dirección de Elia Schneider (quien en la actualidad es una de las más cotizadas cineastas del país)fue asertivamente concisa en ajustar las coordenadas del espacio; en crear la singularidad de que ese ámbito fuese cerrado, opresivo, duro, gélido sofocador de ahnelos y sueños, un sótano que atrapa a dos seres, dos inmigrantes que con polos existenciales divergentes están enclaustrados en la madeja de las tuberías desnudas, que sienten el pasar de aguas servidas que provienen del mundo superior, donde otros, con una "mejor condición socioeconómica" o inconscientes de lo que en ese submundo que contiene dos humanidades son alfa y omega en la estrategia de sobrevivir. La puesta afirma la densificación y codificación del constructo visual. Que la compactación sea como si se le ofrece al público como acomodado vouyersita, atisbe y se conecte; que interrogue y se responda, que sea tocado y, al mirar a su enrededor -los otros espectadores. proyecte el desconcierto pero no complice sino del que expecta sacudido y desea expresar también. La puesta es escena refuerza el mecanismo opresivo en la paleta del color, el ritmo interno / externo de las acciones que expelen los actores que, en sus emplazamientos dentro de ese espacio, delinean una línea de separación / encuentro, que son colocados como sistemas de ver / apreheder sus vidas, filosofías, ideas y extenderla como especia de río con dos veredas donde fluye la vida pero que, a la vez, las ahoga. La espacialidad quedó reforzada por el empleo sugestivo de pocos enseres que coloreados en el frío gris plomo, hizo que, espacio y elementos, vestuario y accesorios, objetos y atmósfera operen como insidiosa espina a lo que se nos emana desde lo discursivo textual en unión con el andamiaje de cada aporte de diseño. Schneider sabe colocar el ojo de la cineasta en estos lugares que, si no se detallan bien, parecen quedar forzados en su nivel primario significante, pero no, desde allí, el grito desesperanzador para que lo que ideológicamente se dibuja en las acciones físicas (planta de movimientos, empleo de objetos y/o marcaje lumínico) haga un constructo sobre otro. Si bien, en el manejo con los actores se dejó la sensación que podía existir un pre-marcaje de intenciones contenidas desde lo que se dice / expresa / connota con el avanzar de la trama, vamos descubriendo que, hay un estrato que conmociona al intérprete que lo obliga a subir el escaño de lo mental / físico a transmutarlo en situaciones de fuerza expresiva que apuntala la línea de dada por la dirección. Los actores, compenetrados en el empeño de dar la contundente certeza que estaban ante un reto que fua acatado con la técnica adecuada: en lo corpo expresivo, en la proyección de la voz, en el matiz y la inflexión, en el silencio y la mirada, en uso de las cosas, en el deambular por el espacio sin que hayan energías desperdiciadas. Son actantes concentrados. Son dos actores con sus papeles firmes y que logran potencialos desde dentro hacia fuera sin ruido, sin obstáculo, certeros y con plena facultad de hacerse sentir. Una dupla aceitada que hace que la adapatación efectuada por Elia Schneider de la pieza de Mrozek, llegue sin atisbos de irreflexión y construya hacia nuestra recepción, ese todo que nos hará pensar al salir de la representación teatral. El trabajo de equipo que se unió al Teatro Dramma fue sistemático en su labor de compactar un todo sin fracturas; es así que, tras el diseño de escenografía creada por Maitena De Elguezabal, de iluminación de José Ramón Novoa estén los dos primeros acertos para situar un campo no verbal que transmite per se, un plano de significación y hasta varias semiosisis. El vestuario (creado por Raquel Ríos) entró en concordancia al eje central estético - conceptual y dio otra capa más al producto escénico resultante. Hay que tomar en consideración que el equipo de Teatro Dramma es amplio, que estuvo laborando por meses para construir con eficacia lo que vimos - y estará por algunas semanas en cartelera- y que se constituye en eslabones que, unidos son un todo. Por ende, hay que acreditar nuestro aplauso a los aportes de José Manuel Peña (diseño de maquillaje); banda sonora de Xenon Films, del productor artístico, Luís Guillermo González, de los asistentes de arte, Luís Ernesto Domínguez, Marisol Da Silva, Emil Zabala e Isabel Novoa. Igaulmente, el profesional efecto de trabajo que siendo callado pero arduo del pool de productores que van desde Yomaira Molina Landaeta y Paúl Gámez (Producción Ejecutiva, de Yomaira Landaeta (Productora General, de Irlanda Rincón (Producción Asociada; de los esfuerzos mancomunados de Sebastian Torres y Michelle Ruth (como Director Asistente y segundo asistente de dirección) y, de todos un amplio grupo de apoyo que sería largo enumerar. Juntos en el barco del compromiso, la lealtad y entrega para que la labor sea unitaria. Si hacia el final de la obra, una escena donde dos personajes rompe el dinero de la ilusión y el otro, rasga las utopías del hombre esclavo, ambas son metáforas que denotan libertad. Distintas en el sacrificio pero que dejan fuera de la ruta de las falsas arrogancias y de un desmadejado orgullo para tratar de ir en pos del hálito que las fronteras de separación que produce la intolerancia pude dividir como un río caudaloso las almas sencillas y los intelectos acerados que, por razones múltiples pueden cruzarse en otras fronteras por la búsqueda de un mejor devenir. Es la proyección hacia el presente del sentido de que esta sociedad debe hacer un mejor esfuerzo ante que todo sea tarde. Sentirnos como seres y ciudadanos que seamos capaces zanjar diferencias porque hay tiempo; si la intolerancia y irrespeto hacia los demás se acentúa, quizás se incrementen los inmigrantes en la vastedad planetaria de este s. XX y ojala que no, estemos condenados a habitar los sótanos fríos de las urbes del primer mundo en espera de oír campanadas de fin cada ciclo para prever los recuerdos del futuro de ese porvenir. Evitemos ser empujados a las aceras encontradas si se piensa, actúa o siente de forma distinta. Magnífico trabajo teatral construido por gente que entiende que el arte y la inteligencia, son el sobrio escudo para atacar los escollos de la contemporaneidad. ¡Bravo por el grupo Teatro Dramma! Foto cortesia de: Gregorio Marrero / Orinoquiaphoto.