sábado, 27 de octubre de 2007

ALTOSF: 25 AÑOS DE SER TEATRO

Definir la presencia de un grupo como el que representa Altosf en el acontecer teatral nacional es harto difícil. Más difícil se hace aprehender el espíritu de este colectivo si su periplo ha dado fehacientes evidencias de haber edificado una indiscutible visión creadora sustentada sobre tres ejes polares: una perseverante actitud artística capaz de asentar con solidez el valor de la experimentación como una energía que demanda un inédito entender del hecho comunicante que se desprende desde la escena, ahondar un concepto de reflexión actuante y revelador al papel del persona / actor a través de un método de trabajo reconocible y distintivo y, sobre todo, el haber concebido el teatro como un proceso dinámico y transformador tanto para quien lo asume como para quien lo recibe. Altosf tras veinticinco años de ininterrumpida acción creativa, formativa y de manifestar una manera de ser y de hacer un teatro diferente, ha marcado una clara impronta que no pasado ni pasará desapercibida. Ellos se han expuesto y aún se muestran con especial credibilidad en tiempos donde las incertidumbres socio políticas, los imponderables económicos y la siempre punzante interrogante de ¿cómo mantenerse fiel a una línea ideológica y de creación estético conceptual propia capaz de apartarse de un arte agujereado por modas y estilos espúreos?, es, sin duda, el arbotante teatral más firme con el cual han distribuido y proyectado tanto el peso y la trascendencia de un transparente espíritu grupal alimentado desde sus inicios sino que han sabido evitar el desquebrajamiento de una línea de acción que persigue el mérito de “adecuar el teatro a la configuración actual del hombre vinculándolo a la realidad contemporánea” en un orbe que ha empezado a desdibujar sus fronteras y elevar la incomunicación a pesar de la tan cacareada globalización y la influencia de los mass-media . La larga jornada escénica ofrecida por la familia artística altofiana, encabezada por el inefable Juan Carlos de Petre desde el año 76, ha sido fructífera y singular. Para las distintas generaciones de espectadores venezolanos y foráneos que les ha tocado visualizar vívidamente sus emotivos montajes - en los cuales se proyectan no sólo la estética de un método - así como de degustar lo que para algunos entendidos es la más acabada “filigrana minimalista teatral” vista sobre la escena nacional, solo pueden terminar concluyendo que Altosf es algo más que un colectivo riguroso en la consecución de sus fines y tenaz en consolidar en todos y cada uno de sus maneras escénicas sino una dimensión diferenciada de lo que debe ser el hecho escénico y como debe ser ofrecido al espectador para su encuentro y disfrute. Dos décadas y media son un momento celebratorio que no puede pasar desapercibido. El teatro venezolano ha sido construido por la entrega y la pasión de muchos hombres y mujeres cuya labor sonora o callada nos ha perfilado con un sino propio. Dentro de estos incólumes teatristas, la familia del grupo Altosf siempre ha dado su mejor entrega y la misma se expone con demasiadas evidencias que han ganado nuestro aplauso y sorprendido nuestra sensibilidad, incluso, sacudirnos ese amodorrado sentido de sorpresa que por lo general, parece no querer siendo herido ante el creciente imperio del facilísimo y la banal comercial. Altosf es, en este nuevo milenio una de las agrupaciones que me atrevo a calificar como poseedor de una esencia sin par. Cada vez que uno como espectador entra a su espacio de trabajo, es entrar a una inusual dimensión donde el arte del actor, la valoración del gesto, la función del movimiento y la significación de la palabra nos son propuestas como una experiencia única e irrepetible. Miles de aplausos han sido ofrendados a la sangre, sudor y lágrimas de un esfuerzo cuya metáfora comparativa les ha permitido ser reconocidos como la troupe “capaz de volar por dentro”. Ellos – lo que fueron y ahora los que están – que tiene nombre y apellido han sido y son quienes nos han ofrecido los deliciosos frutos del teatro y cuyo sabor se ha clavado de forma indeleble en nuestra memoria: In Mememorian, Tres de Copas, En Gracia (o el Mito de Volar por dentro), El Señor y los Pobres, Día - logos, Vacío de mi amor. A mis seres queridos o, Interpretes entre muchas otras, han sido apenas una prueba de lo que el mismo Juan Carlos De Petre afirmó una vez: “Nadie puede dar lo que no posee; son los actores los que hacen el teatro y es su alma la que habla”. Los próximos veinticinco años serán para Altosf otro camino más. Ellos conocen las piedras del camino con las cuales no hay que tropezar y he ahí la esencia de un arte que se inmortaliza.