viernes, 26 de octubre de 2007

COMEDIAS Y DRAMAS QUE DUELEN (III)

COLOFON Ver, analizar, contextualizar, de – codificar, re- codificar y emitir una opinión (limitada o no según la extensión del espacio) sobre un discurso espectacular es algo que siempre debe de exigir un cuerpo ideológico, especial capacidad de recepción y posición “clara” de entendimiento sobre lo que se “oferta” como propuesta escénica en un momento y sociedad artística teatral dada. En las entregas pasadas, esbocé mi “visón y entendimiento” de lo que espero del género de la comedia como de lo que manejo como paso obligante para generar una relación de significación entre los procesos de emisión de grupos e individualidades y el proceso de recepción del producto espectacular (montaje). Incluso, -al igual que otros críticos más avezados en lo teórico conceptual- delinee cierto trazado para apuntalar -con paciencia y mesura- una cierta línea diacrónica de los procesos artísticos que se operan en un lapso dado, en especial, lo que gesta en una urbe como Caracas con sus distintos circuitos y sub-circuitos de circulación / exhibición. Si esta clase de búsqueda se afirma, el lector de estos espacios cibernéticos como el teatrista que no se contenta con la “crónica – crítica” de paso, podrán hallar una mayor pertinencia y “rapport” más sustanciado de eso que se denomina “opinión crítica”. La unión entre creación y el “feed back” hacia el grupo teatral y público será más auténtica y menos “subjetiva; más llevada por la concreción de un cuerpo de ideas y no por las impresiones. Más “crítica” y menos “crónica”. En todo caso, como creo que decía el desaparecido, Kotepa Delgado: “¡Escribe que algo queda!”, más aun, cuando somos latinoamericanos marcados por la desmemoria. Las entregas pasadas las titulé: “Comedia y dramas que duelen” para inflexionar sobre el valor / apreciación que, me generan ciertos “discursos textuales” y su validación en lo que es la resolución de puesta en escena (y/o “discurso espectacular”). Sin embargo, debo acotar que más es la tendencia de analizar lo segundo que lo primero dado que se hace algo difícil disponer de las nuevas piezas de la dramaturgia nacional (y mucho más engorroso, de noveles autores foráneos contemporáneos) e, incluso, que si los directotes deciden asumir para tal o cual temporada, una versión, adaptación o, un guión basado en. Lo saludable para la crítica juiciosa, es poder leer el texto con anticipación. De ahí, detectar ¿cuáles son los “intereses” que motivan al grupo / director y diseñadores en la fase de ensayos para ver como se orienta el proceso de puesta en escena? Teniendo esos hilos en detalles acercarse sin prejuicios a confrontar una comedia, un drama o una tragedia dependiendo del tratamiento que se le haya dado. Debe haber en uno como espectador / crítico, claridad en lo que le gusta de lo que discrepa, a fin de que ello no empañe su recepción y emita juicios marcados de “supuestos de gusto” y aprehender hasta donde sea posible, la intención creadora del grupo / autor / artista. Quizás, hasta extiendo un poco más allá: que se le permita asistir al crítico a uno que otro ensayo; dialogar con los creadores, colocar en su mesa, consideraciones, discutirlas y ver como puede esta opinión apoyar la fase preliminar del montaje. Luego, el crítico se debe deslindar. No asistir al estreno, sino más bien, a la 4ta o 5ta función para evitar los públicos “amigos” y constatar la recepción del “público – público” que paga por ver / disfrutar de un trabajo de arte”. De esta forma; se puede colocar el termómetro al trabajo escénico con mayor distancia y menos subjetividad en cuanto a valorar por ejemplo: el ajuste de ritmo de la planta de movimientos, la respuesta de composición individual de cada actor, de su manejo técnico corpo expresivo (voz, dicción, impostación, resonadores, etcétera); ver cómo fluye cada secuencia, cada escena y acto. Como desaparece el actor y aparece “el otro”, es decir, el personaje; cómo también se va debe ir diluyendo las indicaciones del director y como la plantilla actoral asume lo orgánico del texto, su compenetración con el espacio y los objetos y saberse proyectar más allá de la cuarta pared para ganar la atención del público. Eso y mucho más, ¡claro está! Cuando busco como crítico o espectador lato, una comedia, drama o tragedia, espero que me sacuda, estremezca o sorprenda. Que me deleite al estar sentado frente a un “trabajo de arte” y no un “trabajo – trabajo” porque en lo personal prefiero ver el trabajo del técnico tramoyista, iluminador o sonidista e, incluso, esas sorpresivas maneras de reaccionar del público ante tal o cual parlamento, actor, o efecto que conforma eso que llamamos “espectáculo dentro del espectáculo” y que más de la veces, son como una guía para indicar por qué yo “crítico” no estoy conectado a la situación que se califica como “montaje espectacular”. Lo bueno de estos espacios en la WEB es que no tengo porque tener la camisa de fuerza, el corsé limitante de un espacio de tantos caracteres. Quien decida aventurarse en leerme podrá tener también sus pistas de cómo “piensa”, “recibe”, “aprehende”, “descifra”, “de-codifica” y “re- codifica” ese señor que funge como “crítico” (cuando es amable con el grupo) o es “cualquier cosa” (cuando le otorga con halagos y loas adjetivales lo que ofrece un grupo o actor dado), ¡en fin, hay mucha tela para cortar! Lo cierto del caso, es que esta nota para no irme de largas, tiene dos partes: a) el cierre de apreciación para un grupo de montajes que –insisto- me motivaron a intitular como “comedia y dramas que duelen”. La segunda parte, más corta, para comentar, sucintamente, una propuesta que estaba en cola, debido al alto volumen de montajes que se han generando para el lapso Julio- Agosto. Debería ser más conciso y hablar de muchas otras pero prefiero ir poco a poco y expresar más esto que de aquello. ¡Iniciemos!. EL ÚLTIMO DIA Bajo el sistema teórico - conceptual villeguiano, la clase de discurso textual y su subsiguiente concreción en un discurso espectacular de “El último día”, escrito por la dramaturga venezolana, Nelly Villegas para la agrupación anzoatiguense, Puerto Teatro (radicado en el Distrito Sotillo de la ciudad de Puerto La Cruz) con dirección de Pablo Ramírez, posiblemente esté enmarcado bajo la categoría de ser un discurso teatral marginal, es decir, “aquella manifestación teatral que no coincide con los códigos estéticos e ideológicos de los emisores del discurso crítico hegemónico” que, por lo general, sabemos se produce / consume en urbes como Caracas. Con todo, tanto la forma de armar una historia centrada en cuatro personajes que habitan un humilde sector popular se abre para mostrar la singular travesía y contraposición de formas de ver / entender la vida y sus valores harán que, por una parte veamos como dos de ellos: Lilo, mendigo lleno de poesía e imbuido de peculiar autoestima busque ganar el corazón de María Esther, prostituta marcada por el vejamen social pero que en su gran corazón late la esperanza de saber que algo queda para dar habrán de conformar ese punto cardinal central de la pieza signado por lo trágico de “la enajenación”. En contraposición, está la dupla dicotómica del drama de las apariencias de que es o no correcto para hablar de vida decente en la joven madre Sonia ante la búsqueda de esperaza que se le avecina por la circunstancias de anhelo amoroso de su adolescente hija, Margarita se hila toda una gran situación del sub mundo de una clase social baja, vulnerada y desprotegida donde tragedia y drama serán los fondos que arman ese contexto humano que pocos desean mirar, reconocer o pensar. Una dolorosa tajada de realidad donde rancho paupérrimo, miseria cotidiana y destino implacable queda además marcado por el patetismo de un final de año con clásicos musicales de cierre de un ciclo y la esperanza del nuevo y la contundente violencia climática que transformada en deslave hará que unos y otros terminen desplazados una vez más o hacia la muerte o hacia la incertidumbre. Ganadora del II Concurso de Teatro “Marita King” (2006) esta pieza de Nelly Villegas contiene muchos elementos de buena escritura: personajes aprensibles y que crean identificación en las personas que conforman el público receptor del montaje. Diálogos bien sostenidos en sus cosas, sentimientos y remembranzas, teatralidad en la construcción de las secuencias internas de la estructura dramática y un lenguaje esencial donde poesía, humor y resistencia que está sencillamente a tono con el espacio / tiempo donde se debe exponer. Estos aspectos fueron tomados por la mano experta de Pablo Ramírez a fin de componer una propuesta escénica (en una temporada de tres semanas) que jalona al espectador a involucrarse de alguna u otra manera. No es que Ramírez hubiese estado obcecado por elaborar un constructo escenográfico hiperrealista pero esto se percibía en la puesta. Quizás he ahí una de las debilidades de la misma debido a que hubo algunas carencias en el manejo de las relaciones de ubicación / manejo / proyección de significados a partir de los elementos que pueblan esa humilde casa y de la poca síntesis que debió darse cuando en el caso de Lilo, tenía que asumir acciones y nexos de transformación en si y para el otro (María Esther) con el ámbito global de la casa y sus partes así como de la serie de objetos que lo pueblan. Quiero decir, por ejemplo, que el juego con el nacimiento y la capacidad de generar un hálito de cambio en Lilo se queda en lo exterior más que crear algo más profundo de su retomar la esperanza que será ahora la luz de un amor que tendrá alcanzar para sí y comprometer a María, la mujer que ama. Otro elemento sería, hacia el final de la historia cuando vemos como las vidas de Lilo y María -a pesar de haberse redimido en el amor y el reconocimiento de su dignidad- quedan tapiadas al derrumbarse el rancho; bajo un efectismo algo recargado (truenos y descargas eléctricas) y una lluvia persistente, mueren pero sin que veamos “organicidad” en sus decesos a causa de lodo y escombros que caen sobre ellos. Una sugerencia posible era aforar con un telón de fondo que proyectase hacia la recepción del público, ese lodo y esos escombros que cayeron sobre la casa y esas vidas. El recurso del imaginario que rodea el ambiente, pudo generar una mayor fuerza icónica a lo que es el submundo de la miseria y el anhelo de algo mejor en el complemento de las imágenes (recortes, fotos, utilería referencial, etcétera). El ritmo de la pieza dado por la dirección es justo y las líneas de perfilamiento para que cada actor (Nelly Villegas, Carlos García, Romelia Bello y Margot Celma) construyese sus personajes, bien planteadas. La plantilla actoral logró construir esa doble situación que aludí en principio. Hubo complementaridad y contraste; opuestos y semejanzas, tanto en lo que el juego de esperanzas y sentimientos disímiles. Hubo claridad de transmitir lo esencial en lo que anhelan esas cuatro vidas, esos cuatro personajes, esos cuatro mundos individuales pero que están hilados en un solo centro polar social. Actuaciones frescas, intencionadas, con fuerza y sentido de la escena que nos habla que la búsqueda de Puertoteatro tiene sentido de pertenencia y aceptación regional. Un trabajo artístico logrado gracias a que han saben colocar las “íes” dentro del que decir de un grupo a su entorno social. Ellos tienen cosas que decir, con dramas que “duelen” y que son sabiamente recibidos por cada consecuente espectador que ba semana a semana a la sala Puertoteatro. Grupo que persevera. Colectivo humano, profesional y artístico que sabiamente recoge y transforma el arte como código de comunicación apropiado para el horizonte de expectativa de su entorno socio cultural. No es teatro “divertimento” es más que eso: es teatro para evadir pero con una carga de reflexión que siempre propone un marco de ideas. Sea con montajes como “Pacto de Caballeros”, “Un singular baño de hombres” o, -ya hace algún tiempo- con “Golpes a mi puerta”, Puertoteatro como grupo regional ha sabido tener claridad del tiempo y el momento social que vive el país. ¡Mi sincero aplauso por que ellos están ahí para hacerlo! critica@cantv.net