viernes, 26 de octubre de 2007

MIRADAS A LA ESCENA (II): "El Círculo de Tiza" de la Compañía Regional de Portuguesa

En la anterior entrega emití algunas consideraciones sobre montajes que tenía en rezago y que estaban circunscritos a lo que se exhibe dentro de la cartelera caraqueña. Ahora, es tiempo de comentar uno de los más importantes montajes efectuados dentro de las regiones como lo representa, el soberbio espectáculo “El Círculo de Tiza”. Montaje concretado por la Compañía Regional del Estado Portuguesa el cual subió su telón de temporada, el pasado 28 de Junio –fecha, onomástica del teatro nacional, que aun pretende tozudamente amarrar el arranque del teatro venezolano con la famosa Acta de Cabildo que data de 1560, cuando ya todos sabemos, que los años de 1595 se manifestaron en la ciudadela fundada por Diego de Losada y amparada por el imponente Guaraira Repano, actividades teatrales, las cuales ya cuentan con datas fidedignas como una que data de 1595; ergo, sería bueno que, lo que actualmente es “acto formal de celebración” para el teatro nacional fuese revisado bajo estas inobjetables circunstancias- y que aún está presentándose al espectador guanareño como del público que desee acercarse desde ciudades circunvecinas de la región centro-occidental. Debo confesar que, a esta altura del año (en pleno segundo semestre) la dinámica escénica de las capitales de estado ha estado muy callada. Posiblemente algunos de los grupos y compañías estén colocando en la olla de presión sus respectivos estrenos mientras la sal de lo económico se ajusta y los condimentos de los detalles técnicos y artísticos terminan de darle la densidad apropiada para ser servidos al espectador comensal. De buena fuente se que el maestro XXXX está por estrenar su montaje titulado “Zamora” en el estado Carabobo. Por otra parte, el incansable Pedro Maldonado –director del Teatro Los Comediantes de Mérida- debe de haber concluido su Muestra de Teatro de Calle en la ciudad andina de Bailadores con la presentación de un total de ocho agrupaciones. Que el maestro José Salas en la zona de Los Robles en la región insular de Margarita, vuelve a abrir su teatro con una programación de interés. Con todo, es poca la incidencia que me llega aun cuando muchos de los teatristas que hacen del teatro su pasión de existir, están en lo suyo, aquí y allá. Desde este espacio esperamos apoyarlos en la difusión y comentarios para seguir diciendo que “Caracas no es el centro polar de la vida escénica nacional”. Por lo pronto, una apreciación pendiente sobre lo visto en una de las capitales con más energía creativa en materia de teatro: Portuguesa. Una mirada a un punto regional: “El Círculo de Tiza” Prólogo. Partiendo de una de las piezas más importantes de la producción dramatúrgica del dramaturgo y poeta alemán, Bertolt Brecht (1898- 1956) como lo representó el texto teatral “El Círculo de Tiza Caucasiano” –escrito entre 1944 – 45, durante su etapa de exilio en Norteamérica al huir de la locura nacionalsocialista hitleriana que hundiría tanto a Alemania como Europa en el trágico caos de la II Guerra Mundial- pieza que junto a “Galileo Galilei” y Madre Coraje y sus hijos” terminarían de consolidarlo como uno de los hitos teatrales mas reverenciados del pasado siglo XX a nivel mundial. En aquella etapa, Brecht, ya se había despojado de los clásicos ropajes del teatro expresionista y realista tradicional; su acento dramatúrgico orbitaba dentro del denominado “teatro épico” donde se allanó el camino hacia su famoso mecanismo del “distanciamiento” a fin de evitar en el receptor la no “identificación” con lo que discurría tras la fábula. Teatro que requería de una actitud crítica del público, que redujese su emocionalidad y se afianzase en una lectura de aprendizaje de donde surgiese la reflexión dialéctica no solo a través de la moraleja sino que su propio entendimiento se traspolase a su realidad social. Quizás las premisas de un teatro “socialista” yacen con fuerza en estas piezas, es decir, que haya una toma de conciencia por el individuo cuando discierna sus propias conclusiones –ya que es parte de un colectivo- y pueda modificar su entorno para el bien social. Ha pasado ya algo de agua debajo del puente desde que en 1954, el mítico Berliner Ensamble (fundado por el propio Brecht) levantó el telón de estreno de esta significativa pieza. Eran años cuando Alemania estaba dividida con el ominoso muro; se exacerbaba la pugna entre Este y Oeste levantando las discrepancias de un mundo más bipolar: uno, de orden estalinista; otro, bajo la visión presidencialista del Presidente Eisenhower. Década marcada por los vientos de la Guerra Fría, la presencia de eliminar las actividades antinorteamericanas del suelo “gringo”, el fin de la Guerra contra Corea del Norte y las revueltas alemana y húngara contra la dominación soviética. Bajo ese contexto, “El Círculo de Tiza Caucasiano” fue ofrecido al espectador europeo. El argumento de forma sintética narra la historia “de una pugna por la posesión de un niño entre una madre de la alta sociedad que le abandona, y una criada que se ocupa de él”. Brecht para construir una nueva fábula e imbricar su visión de teatro épico, no oculta el haber bebido de otra fábula referente que tiene una doble vertiente: una, referida al Viejo Testamento donde se asienta la leyenda bíblica del Rey Salomón quien asumió un acto de justicia para dirimir la potestad sobre un niño: la que le procreó pero que abandona o la que lo toma para sí y lo cuida y protege. A su vez, la reinserta -como si fuese otra historia- en una base de relato de origen “persa” o chino” donde aparte de lo fundamental de la situación de justicia salomónica, se apuntala un momento de cambio de estructuras sociales entre el campesinado y las fuerzas de la burguesía y una nobleza en fractura. La perspicacia ideológica brechtiana radicó entonces -entre otras cosas- el hilar una fábula en otra fábula para así construir un argumento que obliga al a ver con mayor claridad, la función de transformación que debe provenir del teatro como hecho artístico es decir, distanciarse de lo emotivo, evitar la conexión afectiva y colocar al público ante una postura de compromiso de síntesis reflexiva. Sin duda, para apuntalar todo ello Brecht exigía que se contemplase en el trabajo general del espectáculo, las técnicas apropiadas para la dirección, que el oficio del actor trabajase bajo las premisas del teatro épico, que se emplease de forma versátil el uso de la “lengua y de las formas poéticas –lenguaje clásico mezclado con el habla del hombre de la calle, versos libres e irregulares-” y que el conjunto actoral y la forma del espectáculo crease un necesario efecto del distanciamiento capaz de “sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción”. La apuesta de la C.R.T de Portuguesa. Ver un montaje en suelo llanero basado en una pieza brechtiana implica una posición muy particular para el ojo de un hombre de teatro que de eso que se califica “el centro de la creación teatral” que se da en una ciudad tan polifacética como lo es Caracas a ir a lo que algunos con cierto desaire siguen en calificar como “teatro de provincia”. En todo caso, constatar una pieza tan exigente como “El Círculo de Tiza Caucasiano” de Bertolt Brecht en el ámbito geográfico portugueseño, es sin duda, ver dos realidades: una, la que se asume tras ¿para qué tomar esta pieza?; pensar ¿que se hará con la misma? y, finalmente, dos líneas fundamentales, ¿se monta en original, se asume una postura libérrima del texto original o se versiona siguiendo las necesidades implícitas en el específico contexto socio cultural donde habrá de cobrar vida?. La otra cuestión radicaría en las formas y conceptos que serían el acero, cemento y mampostería para construir un montaje que estuviese en conexión sincera con lo que tanto un conocedor o un neófito supone es la referencia teatral que representa la universalidad significante de esta pieza de Brecht. Pues bien, las respuestas las extraerá el público natural llanero del espectador marcado con otros elementos de aprehensión de la función social y de entretenimiento que radique en capitales como Caracas, Valencia o Maracaibo. Lo cierto –por lo menos a mi persona que viajo de cuando en cuando a constatar otras realidades escénicas distintas a las que ofrece mi ciudad- es que logré ver un auténtico espectáculo que fue pensado, re-concebido y planteado para su comprensión y disfrute al espectador llanero sin que omita su potencial fuerza de ser aprehendido y disfrutado por cualquier citadino que no sienta las energías de cambio que se están operando en el tramado socio políticos, socio económico y socio culturales que bullen más allá de la geografía urbana de las grandes capitales de estado. La Compañía Regional de Teatro del Estado Portuguesa cuyo director hasta el pasado mes de Junio fue, Carlos Arroyo (ahora, el flamante Director de la Secretaría Nacional de Teatro y Circo del IAEM) pero que invita una vez más, al maestro argentino, Alberto Ravara (recordemos que, en otros tiempos, les montó “Crónicas de Invierno” y “la Guerrita de Rosendo”) a que les acompañe a fin de capitalizar un proyecto de alta envergadura como lo representaba la pieza del “Círculo de Tiza Caucasiano” de Brecht. Esta vez, Ravara se acercó no al reto del escenificar un texto de Brecht sino al desafío de “terciar” con una agrupación que ya no era la misma que una vez dirigió. Ahora, en 2007 Ravara afrontó –de forma inteligente- un mayor cúmulo de retos: la C.R.T de Portuguesa ya no es aquel grupo que buscaba delinear una derrotero conceptual, artístico y estético para crecer sino que estaba frente ante un colectivo maduro, preparado y por tanto fogueado como para materializar sobre la escena de su teatro cualquier proyecto que se le presentase y poner en alto relieve su íntegra formación profesional en el terreno técnico-artístico como institucional. Asimismo era el confrontar a un grupo que ha sabido acumular las voluntades personales y creativas de distintas generaciones y armar paulatinamente (desde 1992) un ente cultural aplicado que asimiló y aplicó de forma consciente e inconsciente todo lo aprehendido de su tránsito de vida y experiencia bajo la dirección de directores de la talla de Aníbal Grunn, Alberto Sarrain y Armando Holzer (aparte del propio Arroyo). Finalmente, Ravara se plantó ante un grupo aplicado que se sabe y reconoce estable y eficiente tanto en su imagen externa de elenco como fortalecido en lo interno traza el transitar de los buenos y malos años. Con dirección de Ravara, la C.R.T de Portuguesa se presentó preparada y afinada para decodificar y re-codificar a un Brecht especialmente logrado tras la versión de “El Círculo de Tiza” con el objeto de decirle cosas de relevancia a su tiempo, su sociedad como al visitante que los ha estado constatando en los espacios del Teatro La Sede (Guanare) e, incluso, también de decirle cosas trascendentes a otros espectadores cuando tengan la oportunidad de girar. En tiempos donde la sociedad venezolana encara una transformación de fondo, que empieza a dejar sus temores ante la ruptura de los viejos paradigmas imbricados en lo más profundo de su pensar y hacer, de una sociedad que ha empezado a tomar concienciar del necesario giro de actitud tanto ética como moral ante la actual realidad y la que habrá de devenir en los siguientes años, este montaje es puerta de acceso que permite a unos y otros a ayuda a tomar esa debida postura ante realidades insoslayables donde lo legal hay que revisarlo, donde el sentido de la justicia hay que re-sematizarlo y proyectarlo como bordado afiligranado en todos sus aspectos y niveles y que, lo que se entiende como lo “legítimo” es un asunto que ya no es lo que antes se suponía inamovible. Es así que los que creen que el sentido de pertenencia perpetuo de la tierra, el valor de la justicia ejercida desde un estrato social otro pero manipulado bajo “perversas” componendas e intereses o la sustancia del amor que sacrifica para cosechar un mejor futuro, queda lo suficientemente expuesto y suscrito tras la versión ravariana. La síntesis de manejo de estructura interna del texto original en cuanto a compresión de acciones, personajes y situaciones, la conformación de un lenguaje más llano y apropiado al ser y sentir del pueblo llanero con sus dejos, maneras, silencios y acentos están articulados con soltura gracias al trabajo de equipo donde versionador y actores se sumaron para ingresar al texto final percepciones propias armando un todo discursivo pleno de alcances significantes que alcanza al hombre y la mujer de cualquier estrato. Lo simple en apariencia es complejo tras la versión ya que hay elementos perfectamente sustanciados, plenos de color local que trasciende los imaginarios de donde surgen. Para quien busque simple evasión con este espectáculo la versión y puesta en escena creada por Ravara junto a los integrantes del C.R.T de Portuguesa con este estupendo montaje de “El Círculo de Tiza” quizás les ayude a pasar una hora y cuarenta cinco minutos de un peculiar teatro en nada edificado sobre estructuras del facilismo, lo externo y modulado a complacer gustos vacuos. El andamiaje de la puesta en escena se expone de forma permeable y lúcida; hay sencillez tras lo escenográfico (Rafael Sequera) donde el empleo de utilería, color, volúmenes, música (Juan Carlos Núñez), ritmo grupal, manejo de distancias de ubicación, iluminación (Luís España) fueron concebidas para que la plantilla actoral –conformada por más de veinte actores y actrices de distinta edades- se adecuaron con eficacia plástica, equilibrada fuerza en la composición de grupos que debía acrecentar cada significante en sus mínimos exponentes cuando la acción discurre en lo central que efectúan los personajes principales en primer plano. Un todo escénico coherente, uniforme y con sentido de pertinencia. Un montaje construido para ser más que la suma de las partes; un espectáculo que, empleando las palabras del dramaturgo y director Gilberto Pinto: “será valioso en la medida en que contribuya al esclarecimiento del tiempo presente, en que nos haga comprensible la vida social entre lo que fue y lo que sucede”. Mi aplauso sincero y respetuoso a la labor histriónica dada por el elenco en su globalidad e integrada por:, Edilsa Montilla, Wilfredo Peraza, Mayeli Delfín, Lihusmar Ostos, Jesús Plaza, Julián Ramos, Elvis Collado, Simón Ortiz, Neyda Aular, Luis C. Barazarte, William Ocanto,Yorman Mejías, Jennifer Goyo, Yaleida Jaramillo, Elizabeht Prato, Samuel Velásquez, Carlos Soto, Alexandra Velásquez, Williams Jaramillo Randy Montilla, Mayerlis Torres, Enderson Castillo y la joven promesa, el infante, Jesús Arroyo (que, por cierto, no es pariente de Carlos Arroyo). Con sus fortalezas y debilidades, con sus alcances, logros y limitaciones, uno como espectador puede terminar diciendo que fueron capaces de alcanzar el compromiso que les toco trabajar y vivir. Fueron consistentes en la pasión de hacer sobre y tras la escena un puente de comunicación sincero y honesto. La platea captó su mensaje y lo que se quiso comunicar, por ende, también se deleitó pero con su “distanciamiento” y ¿por qué no?, hasta con cierta “identificación” que no sería lo correcto ¿pero quién quita lo bailao?, ya que al fin y al cabo, “El Círculo de tiza” dignifica al colectivo que lo escenificó, a su oficiantes, a un colectivo que lo expone, a su trayectoria grupal que sabe seguir generando reflexión y sabor de buen espectáculo en este “aquí y ahora” del teatro nacional. Tal como lo expresaría alguna vez el mismo Bertold Brecht en dos pensamientos: “El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento” y “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. critica@cantv.net