viernes, 26 de octubre de 2007

PROYECTO PADRE

Un interesante como significante proyecto teatral cobró fuerza escénica el pasado viernes 08 de junio en los espacios del Teatro San Martín de Caracas. Me refiero a la propuesta dramatúrgica y de puesta en escena titulada “Proyecto Padre” que aglutina la posibilidad de ver en nuestra ciudad como la creatividad, imaginación, perspicacia y capacidad de acercarse a un eje temático como lo es la visón / percepción en tiempo actual de la sempiterna figura del padre. Un reto que integra la presencia de trece dramaturgos en representación de nueve países. Autores con distintas trayectorias y edades, visiones y comprensiones de loo signico / simbológico trascendental de lo que traduce en el contexto iberoamericano el papel, rol, función, imagen, significación o, formas de compresión ético-moral y hasta poética de eterna figura que constituye a la familia: el padre. Una feroz, ácida, sugerente, arriesgada y trascendente posibilidad temática que no solo juega a reunir entendidos y valoraciones de argumental – contadas por disímiles voces y escenificadas muy posiblemente bajo tres manejos de puesta en escena- sino ese hecho de tratar de armar un cierto mosaico de hurgar el tema, deshilvanarlo en sus implicaciones fundamentales y re-codificarlo bajo textos y escenificaciones de lo que para el entendido milenario –pero mucho más cuestionado en tiempo actual – de lo que conlleva esa palabra que puede ir de “papá”, pasando a “progenitor” o, hasta vista como, “el proveedor” de un núcleo social. Bajo la curaduría dramática de Gustavo Ott –quien también funge como uno de los autores- se armará tres tandas para este proyecto. Su primera fase (que arrancó el pasado viernes 08 de junio y se extenderá hasta la primera semana de julio) la cual aglutina a los primeros cuatro autores: Víctor Viviescas de Colombia con su monólogo “Los adioses de José"; Elio Palencia, de Venezuela con “El que te cogió y se fue”; Ricardo Halac de Argentina con su texto “Papá Poeta” y finalmente, a Roberto Ramos-Perea con su obra “Cenizas Vivas”. Luego, dos fases más que muy probablemente se materialicen en otros países si las condiciones se mantienen. Se hace obligante asentar que Proyecto Padre fue delineado con el propósito de sondear el árbol temático de la paternidad. Su corteza subtextual se centra en la premisa del nombre “José” el cual motivo el imaginario que cada autor tenía que explorar a través de variados ángulos discursivos argumentales. Se puede presuponer que para todos existe una carga semántica y hasta una complicidad creativa tras esta plataforma temática que muy bien puede ser sociológica y hasta, ¿por qué no? con un carácter de cierta implicación “religiosa” sobre las implicaciones morales de la fe “cristiana” que nos hacen pensar en la figura del nuevo testamento como el José padre –no biológico- de Jesús de Nazareth que hace milenios fue cabeza de una de la familia más iconizadas del núcleo familiar judeocristiano. Sea una postura u otra, la dualidad Padre / José se erige como activador o catalizador que sigue operando conciente o inconcientemente en el tramado del imaginario y de las conductas de las sociedades latinoamericana e iberoamericanas bajo marbetes hasta el punto de que bajo la palabra “padre” se derivan actitudes de comportamiento en el género masculino como: “machista” aunque sabemos que ya sea más feminista o de “cabeza patriarcal” cuando también reconocemos que se gran parte de las familias de tercer mundo se sostiene más bajo la acción de cuidado, unión de lo “matriarcal”. Hay incluso un refrancillo medio raleado que bien puede sugerir algo y coloco a colación para nuestra reflexión y dice: “madre hay una sola y a ti como padre, te encontré en la calle”. Bueno, esa es la premisa de acción creativa teatral que un grupo de autores y un director que han convergido sobre la idea de pulsar los disímiles entendidos y concepciones que la palabra “padre” se aplican para sus imaginarios. Se han generado con aderezos intelectuales, acercamientos sociológicos y hasta con empleo del rigor de ciertas fórmulas de escritura un grupo de textos que expresan como se percibe y ha de fraguar este singular proyecto. Lo cierto, es que se de bajo un unipersonal o textos de mayor complejidad, una de las normas para estos autores es ser conciso en el tejer las hebras de cada situación y que las puntadas para componer las tramas permitan urdir su propia inflexión interpretativa sobre este ya definido tronco temático. Así la concepción textual abrirá sin camisas de fuerza piezas cortas no mayor de media hora de representación para que fluyan los meandros que otorga la condición de la palabra padre. Cuatro discurrir de trama han brotado. Las ideas con fluidez y con mucha sustancia. Desde un acercamiento al “Padre como jefe de familia, pero también como el primero en enseñarnos los usos del poder; el padre como sacrificio o como dictador; victima o victimario, presidente o vendedor de frutas; el padre ausente o demasiado presente; la madre Padre, el Padre de la patria, el Padre de la Iglesia, Dios Padre” y que hará que nuestra recepción y aprehensión como espectador tome para si lo que cada carga conlleva. Desde mi personal percepción, este es un original proyecto artístico que se armó como apuesta teatral inteligente que estoy seguro dejará sus buenos frutos e incluso podría inscribirse dentro de las obligantes revisiones que todo autor compenetrado con su “aquí y ahora” socio cultural debe hacer para activar esas cosas que deben ser planteadas sobre la escena tanto de Caracas como de otras capitales latinoamericanas y que la cultura y la sociedad deben saber leer y escuchar. Creo que la escena local se revitalizará sobre esta línea de proyectos dramatúrgicos solo en el entendido que su aliento actuará de alguna u otra forma sobre las estereotipadas como fagocitadoras formulas de abordar lo masculino o lo femenino que la cultura de lo ligero escénico quiere hacer de uso perenne. Si se evita edulcorar y superficializar los argumentos y los contenidos el público saldrá con reflexiones concretas y una visión más sostenida de cada realidad y ello de alguna manera repercutirá en su subconsciente y su accionar como individuo espectador cuando retorna de la sala a su casa. Sobre lo visto en esta primera tetralogía del Proyecto Padre, comentaré sucintamente: “Los adioses de José”. Texto suscrito bajo la fórmula del monólogo y que apela a distintas maneras de emplear el discurso donde hay narración, elementos poéticos, el contar no linealmente la situación, con cierto tono melodramático. Lo argumental coloca al padre (José), como hombre al final de su vida. Lo embarga la tragedia de verse en soledad luego de que una serie de desgracias han roto con a su familia. La violencia de lo social ha trasmutado y cobrado sus creces al hombre. Hombre padre que asumió sin mucho compromiso el ser en un momento la figura paterna pero que después la abandona creando las fisuras de la unidad de la familia. El tiempo le cobrará con la moneda del dolor al final de sus tiempos. Trama que pulsa al padre en presente y sobre el ausente. Trama que se cuenta y actúa con voz inflexiva que fue caracterizada por el trabajo actoral de Trino Rojas y dirección de Luís Domingo González (quien también dirige las otras tres propuestas). Ambos buscan hacernos sentir la desestructuración y estructuración de la historia de Viviescas con creación de un solo ámbito y varias atmósferas emocionales. La historia adquiere en la recepción del público varios matices. Pueda que a veces sea interesante; otras algo plomiza. Con todo, hay un trabajo interpretativo inteligente pero que siento que debió ser más pulido por la dirección de González en cuanto a que debía afianzar con más acciones físicas con el actor el manejo de lo textual y evitar que la monotonía escritural de Viviescas hiciese de las suyas. Hubo reiteraciones en el juego de lo dramático lo cual hizo que Rojas perdiese eficacia cuando pasase de un recuerdo a otro. Pero también la labor de este histrión debió ser más enfática en los momentos de jugar con lo técnico del empleo de tonos, tempo y ritmo orgánico. Incluso, no obviar que la sala puede tragarse la impostación dada por su manejo vocal haciéndose sentir por momentos, con un mismo registro. Creo que este texto puede ser más provocador; ello quedaría en mano de la dupleta González / Rojas de revisarlo e incluso de no ser tan sintéticos con el espacio a fin que haya más cosas que hacer sobre la escena. “El que te cojió y se fue”. Un texto agudo, lleno de ironías, que apela a que las situaciones coloquen a la figura de un falso padre ausente y que vive en una clínica la espera de su muerte a que los hijos (que no lo son) caigan en la trampa de una sociedad que parece comportarse como Dios castigador del ese machismo sin nombre y apellido que permite que ciertos hombres jueguen en la vida a procrear pero no a asumir sus responsabilidades. Un José agonizante, un hijo menor que ahora es padre cuyo pasado en los años sesenta se nutrió de despreocupación del sexo libre, las drogas y sin pensar en compromisos hasta que sabe que en su tránsito como hippy, su compañera de vida, le anuncia la llegada de un hijo. Se opera en él un giro de ciento ochenta grados. Pasa a ser un hombre con responsabilidad y cabeza de familia. El otro, su hermano mayor; gay y que no desea querer o tener ningún tipo de atadura de conocimiento con ese anciano moribundo. Si es su padre no le afecta ya que nunca estuvo a su lado y si no lo es, menos aún. Los dos acicateados por una enfermera lesbiana muy feroz en sus apreciaciones y manipuladora con algo entre manos. Al final, ambos hermanos quedaran atrapados en la red del engaño. Son víctimas de un victimario que nada tenía que ver con ellos. Un irónico saldo de cuentas. Un texto corto bien delineado por Palencia y mejor trabajado por la puesta en escena de González quien con los trabajos interpretativos de William Escalante, Gonzalo Cubero, José Luís Zález y Trino Rojas, sacaron con desenvuelta perspicacia, los altibajos de lo argumental y crearon personajes y momentos muy plausibles. Hubo complicidad en la relación escenario / platea y desde allí, la energía teatral fluyó de forma exultante. Hubo secuencias donde uno ríe pero tras nuestra risa hay razones para explorarla porque Palencia tejió un texto lleno de dobles intenciones. Hay que ser cuidadoso en el momento de escuchar este texto y a la hora de verlo representar. “Papa Poeta”. De Ricardo Halac. Propone las interrogantes de la paternidad en duda. Una hija ya independiente invita a su padre a que conozca su recién independencia como individuo. Con su dialogo se devela una historia que muestra como la figura del padre vuelva a quedar entredicho por los inciertos de ese mismo “machismo” que más de la veces juega a que el amor filial no siempre es lo prioritario y auténtico. Se da el pulso a la figura del padre egoísta (un poeta a menos) que busca preservar su universo, que no da apoyo emocional a su “descendencia” por una razón u otra. Al final, padre e hija (si es que lo son) se encuentran, dirán sus verdades y desde esa inflexión se devela otra llaga, otra arista de la situación temática del padre. Incluso, la figura de la madre no queda bien parada en el trasfondo de lo argumental. Con la austeridad del emplear el mismo espacio escenográfico, con pocos elementos de mobiliario y utilería, la dirección hizo que las actuaciones dadas por Lismar Ramírez y Gonzalo Cubero se confronten en un accionar lleno de altibajos pero que se sostienen en la medida de que supieron amarrar las tensiones y claroscuros de la confrontación textual de Halac. Un juego de verdades veladas. La iluminación de Gerónimo Reyes no ayudó –y ello se percibió en el resto de las piezas ofrecidas- a crear un equilibrio de atmósfera que apoyase la dinámica de la representación. Por último, “Cenizas Vivas” de Ramos-Perea (Puerto Rico). Un texto más apegado al género del melodrama. Con una estructura convencional donde el centro motivo es la venganza. Un padre y un hermano discuten desde la visión / entendido como saldar la emoción negativa de saber que su hija / hermana fue muerta por las manos de un hombre que vio en esa fémina no una mujer sino una prostituta que podía ser la usual víctima del machismo finisecular del siglo XX y que aún hace mella en el XXI. Un texto menos ágil en cuanto a su propuesta de ofrecer el trabajo temático y que parece regodearse en ciertos lugares comunes que atrapan a los personajes. La dirección apeló a dos ámbitos: uno, el de choque ideológico generacional de padre e hijo que debaten sus razones en contra o a favor del recurso de la venganza. Otro, donde discurre la presencia de la hermana como recuerdo que los atiza en presente (ya que ella es solo una cajita que contiene sus cenizas luego del funeral) a estos dos hombres, uno padre cejudo, otro que no lo no es pero que esgrime argumentos para evitar una tragedia familiar. El final, bueno, la división de pareceres hará que cada óptica prevalezca y accione en paralelo para cerrar la historia. Un trabajo interpretativo más intenso dado por Cubero y Escalante pero que no logra la riqueza de matices e inflexiones dadas en la pieza de Palencia. Quizás el corsé dramatúrgico del autor no les permitió ello. María Eugenia Romero entra y sale en su accionar con propiedad sabiendo componer con lo corporal y gestual, esa fuerza externa que influye sobre los personajes. Una pieza y una representación que también puede ser redondeada si, el equipo artístico se detiene a revisar los detalles de eficacia teatral que un trabajo de esta naturaleza exige.