viernes, 26 de octubre de 2007

TEATRO DE ESTOS VERSUS EL TEATRO DE AQUELLOS” (I)

Una específica tajada temporal para la cartelera teatral caraqueña: todo lo que fue el bimestre julio / agosto y lo que, se está desarrollando como la primera semana del mes de septiembre de 2007. En ella, discurren una oferta escénica concretada por disímiles caras de la moneda en lo que es la concepción – creación / producción y circulación - consumo de, en apariencia dos o tres formas de manifestarse el teatro ofertado en algunas salas culturales de Caracas. Si cada quien aguzase el ojo con cierto grado de curiosidad, haría que tanto el espectador como cualquier quisquilloso analista de lo que se oferta bajo la relación “producto teatral comercial” versus “producto emergente comercial” en lo que ha sido este corte de tiempo, podrá descubrir sin mucho dificultad que más allá de lo que las marquesinas de salas y ciertos circuitos culturales ofrecen así como de es la dinámica del ¿cómo se promociona / publicita en medios impresos y audiovisuales y alternativos como la WEB estos grupos y sus correspondientes espectáculos?, causa rápidamente, una cierta reflexión que, para unos es sintomática del estado de baja calidad del teatro nacional y para otros, que la oferta en materia de teatro es cónsona a lo que es el periodo. Aunque este espacio no es lugar para diseccionar a fondo: los ¿por qué? de tal situación; sus causas, efectos, consecuencias , distorsiones, entendidos y maneras de compensación; el análisis de esos supuestos valores “comercial”, “estético” o “cultural” que impulsa el consumo de ciertos segmentos del público situado dentro del estrato socio económico A / B frente a lo que define el patrón de consumo de los estratos socio económicos del público C / D; el peso de las variables que se marcan y remarcan entre ese “teatro profesional ligero” frente al “teatro profesional emergente” que crea, produce y lanza al mercado –tras vencer consabidos problemas inherentes a su particular periplo de ensayo, producción- para saberse que están en el “aquí y ahora” del horizonte de expectativa de esos potenciales consumidores culturales. Tampoco, es menester de este observador crítico pretender que tal o cual producción escénica sea la mejor o la peor y se me endilgue que tras la opinión expresada se está colocando el termómetro para medir la aparente salud del hecho teatral del centro hegemónico cultural que es la capital; de crear, mantener o atizar discusiones –todavía bizantinas- que si el teatro de arte ha sucumbido frente al maremoto del teatro “digestivo” o que el teatro de arte está siendo desplazado; lo cierto es que, me resulta inevitable buscar separar de este gran todo de preguntas e intentos de respuestas luego de seguir haciendo un sesgo de análisis para lo que se ha venido ofertando en lo que va desde el 01 de julio al 06 de septiembre cuando escribo esta nota. Lo cierto, es que la preocupación estriba en que la visual de ese teatro hecho por una generación que intenta expresarse bajo distintas fórmulas dramáticas, con propuestas de interés para quien las sabe degustar, con ese hálito de ser un grupo humano en preparación o ya formado en cuyos palmares profesionales ya han expresado que no son los imberbes asusta público, que es una generación donde saldrá inevitablemente en diez o quince años, la generación que sustituirá a la presente pero que está siendo poco apoyada por el público consumidor, negada por la gran mayoría de los medios impresos, ausente de la crítica especializada y, considero, mucho peor, subestimada por ciertos representantes (grandes productores) de salas y teatros que los miran con desdén porque no sienten en ellos una trayectoria en el medio verificable, que adolecen de mecanismos marketing frente a poderosos sponsers que podrían apoyarles económicamente y, porque sus trabajos escénicos no cuentan con la presencia de connotadas figuran de las estrellas del sistema farandulero y mediático nacional. Esta generación que insurge, que busca denodadamente su nicho de exhibición / aceptación / reconocimiento, que irrumpe desde los espacios formativos desde el Teatro Universitario (T.U) de la Universidad Central de Venezuela; del IUDET (con el pasado trabajo de grado de los graduandos de esta casa de estudios con la producción “Los Comparseros” bajo la dirección de Miguel Issa); de la capacidad de aglutinarse como preparados egresados del Laboratorio Teatral “Anna Julia Rojas” (con su atractivo montaje, “Sonrisa de Gato” bajo la dirección a dos manos de Martha Freites y Jean Helmuth y un consistente resultado histriónico dado por Alejandro Martínez y el propio, Jean Helmuth); de los grupos Piso Creativo (con un austero teatro de cámara capaz de recrear la dramaturgia de la memoria del trascendente escritor Arístides Vargas con la digna propuesta “Donde el Viento hace Buñuelos” bajo la dirección de Stalin Rodríguez y caracterizaciones bien sostenidas creadas por Ninoska Rodríguez y Giessellte Pinto en la Sala “Fernando Gómez” de la Casa del Artista) y, Escena Viva Producciones con el monólogo “Nosotras lo hacemos mejor” del dramaturgo puertorriqueño, Roberto Ramos Perea, bajo dirección de Adolfo Nittoli y consistente actuación de Mayra Santos, en su segunda temporada en la Sala “Doris Wells” de la Casa del Artista, crean ese “teatro off” del que tanto se oye pero poco se apoya, del, que se reniega pero está ahí y que ¡claro está, recibe apoyo excepcional que rompe la regla y se concreta por la visión sin prejuicios, abierta y consecuente de un ¡GERENTE, GERENTE!, como lo es, Carlos Silva (al frente de este polo cultural de la zona de Los Caobos) que ha sabido crear una instancia de promoción, apoyo y difusión del hacer de grupos independientes, juveniles, regionales, de arte y ensayo, experimental y, hasta del propio teatro de arte sin buscar la ganancia del capitalismo de consumo sino de fortalecimiento de hacer por su propia razón de ser. E, incluso, esta misma semana, -otra vez, dentro del baluarte institucional que representa el Laboratorio Teatral “Anna Julia Rojas” (entre la salida del Metro de Bellas Artes y el renombrado Hotel Alba por la ya ida cadena hotelera Hilton) que regenta la incansable teatrista, Carmen Jiménez abriendo espacios para que “unos” y “otros”, emergentes y profesionales ensayen o exhiban sus trabajos, vuelve a abrir su pequeña salita (de unas treinta a cuarenta personas) para que, otra promesa del teatro joven como lo representa, Oswaldo Maccio (formado en la Compañía Nacional de Teatro, el Taller experimental de Teatro (TET), con trabajos actorales con grupos como TEArtes de la UCV, Contrafuego, La Bacante, Xiomara Moreno Producciones y Teatrela, irrumpa con voz propia y con ansias de sustanciar cosas buenas en lo que será su ópera prima como director tras la oferta espectacular de su propuesta “Isla” del escritor mediterráneo, César Pavese, insuflará la cartelera teatral (del 8 al 30 de septiembre) de un aire que debe constatarse y medirse antes de seguir dándole oídos a los solapados gritos que ciertos académicos, “críticos e historiadores” del hacer escénico venezolano, espetan en sus reductos personales cuando siguen afianzando una verdad a medias que: “¡el teatro venezolano carece de quien le escriba, dirija y actúe en lo que será esta nueva era del siglo XXI!” Incluso, los otros (que yo lo expreso como “aquellos”), es decir, la joven generación que busca estar en este “aquí y ahora”, no solo para expresarse creativamente bajo los roles de dirección, producción, actuación, diseño, realización y técnico (en menor escala), también ha contado con la posibilidad de tener una especie de mentor para el área dramatúrgica. Me refiero al proyecto que ha llevado a cabo por el dramaturgo y director del Teatro San Martín de Caracas, Gustavo Ott con su ciclo “Escrito aquí” donde se promociona y proyecta un segmento de la dramaturgia “sin escena”, una clase de discurso dramático (editado o no; premiado o no) que no del interés de los directores y grupos que demarcan el norte magnético y geográfico del teatro venezolano. Nombres como Víctor Vegas, José Antonio Barrios, Loida Pérez, Juan Ramón Pérez, Roberto Azuaje o, Domingo Palma, entre otros, tendrán su momento y lugar para que sean vistos / confrontados, para que su discurso sobre ciertos temas tenga la incidencia o no en esta realidad social, política, económica y cultural que debe ser des – capada como una cebolla sin que nos haga llorar o aplaudir como autómatas. Es una apuesta en un circuito alternativo donde “aquellos” están diciendo cosas disímiles a los “estos” que manejan institucionalmente o, comercialmente hablando, la “realidad” de la escena caraqueña en estos últimos meses. La polémica anda por ahí. Búsquela, léala, analícela, haga las correspondencias que se deba hacer, pero, por favor, ¡vaya al teatro a ver!, ya que es la mejor manera de tener esa personal brújula de ¿cómo? y ¿por dónde? va nuestro teatro en este 2007. Para ir cerrando esta nota (y generar la siguiente, la semana que viene sobre el trabajo escénico generado por “estos”) debo expresar que los discursos de creación “emergente” están sometidos a tensiones y presiones (más de las veces “perversos”) dentro del sistema de circulación / consumo que dentro del mismo sistema hegemónico cultural donde aparece. Lo plural y atractivo del trabajo creativo de un grupo, un director o un dramaturgo para que pueda ser considerado como “legítimo” y en consonancia a las coordenadas de gusto / validación de un cierto público parece estar ligado a una definición de cada practica artística y como esta repercute como discurso (ideológico, icónico, estético, conceptual, sociológico, etcétera) en la trama de una cierta construcción cultural del país. Categorizaciones, conceptualizaciones, etiquetas y marbetes serán asignados para el hacer de los “estos” y “aquellos” en este, nuestro quehacer teatral venezolano según como se entienda y comprenda la “construcción y percepción visual” de ese teatrista “joven” o “consagrado”, “emergente” o “reconocido - consolidado”. Nuestra teatralidad social está en ebullición y permanente cambio. Determinarla en su causas – efectos, primarla en su permanencia o en su carácter efímero para decir o no cosas al espectador y al tiempo que se vive en el país, en que sea o no pertinente de tomar como su comportamiento dentro de un gran sistema influyente o sub sistema marginal, quedará para ser descifrado por el resto, es decir, por los analistas, historiadores, críticos, semiólogos, sociólogos así como de forma obligada, por el amplio espectro de hombres y mujeres pensantes que hacen vida activa en las tablas del país y ¿por qué no?, fuera del mismo. Carlos Herrera. critica@cantv.net