lunes, 29 de octubre de 2007

TEATRO: SEGMENTACION DE PUBLICO Y CONSUMO

TEATRO: SEGMENTACION DE PUBLICO Y CONSUMO Cristina Daza y Patricia Peñalver, estudiantes de la Universidad Católica “Andrés Bello” me formularon un cuestionario para un trabajo de grado sobre el público, su segmentación, gustos y preferencias. Les emití mis alcances sobre sus interrogantes planteándome la posibilidad de extenderlas hacia otros lectores para así, abrir un compás de opinión que pueda profundizar sobre los mecanismos de la producción, circulación y consumo del teatro comercial, en especial, al que se genera en la ciudad de Caracas. Siento que las respuestas dadas a cada cuestión aun son asunto abierto y algo espinoso ya que da mucha tela para cortar. Sin embargo, pueda que incite a otros a exponer sus criterios y expandir lo que en este momento es asunto de interés para buena parte de los grupos, artistas y espectadores que dan vida al hacer escénico venezolano. Quedan así pues, unas líneas de pensamiento y reflexión que tengan eco en ustedes, amigos lectores de Vayaalteatro.com ¿QUÉ ES LO MÁS USUAL DENTRO DE LA SEGMENTACIÓN DEL PÚBLICO: QUÉ LOS HOMBRES O LAS MUJERES ASISTAN MÁS AL TEATRO? Desde la percepción que tengo como "espectador especializado" del teatro venezolano es un tanto difícil responder esta pregunta porque son varios factores que determinan los ¿por qué? de la asistencia / consumo de un determinado producto cultural, en específico, el relacionado con las artes escénicas. En lo concerniente a teatro, podría afirmar que según el título de la pieza y su tipo de contenido pueda que genere mucho más atención al segmento femenino. Cabe también hacer incidencia en el hecho que también existe un factor como lo representa, la ficha artística que esté o no en tal o cual producción teatral. Para ejemplarizar lo anterior, haré énfasis en lo que está sucediendo en la actual temporada teatral caraqueña donde, por ejemplo, están piezas que muchos catalogan como "teatro comercial", otros de "teatro digestivo" o, sencillamente, "teatro ligero". Así, un grupo como Séptimo Piso que ya tiene cierto renombre, repone por tercera o cuarta vez dentro de un circuito cultural reconocido como lo representa el Ateneo de Caracas, un texto del dramaturgo Sergi Belbel, llamado "Caricias" y que ya ha sido trabajado como guión y convertido hace algún tiempo en un atractivo film. Este montaje (o reposición del grupo mencionado) no cuenta con una plantilla de actores y actrices que conviertan este producto teatral comercial en especie de gancho sugestivo al potencial espectador que desee pasar un rato ameno de esparcimiento o de solaz en los fines de semana cuando decide no ir al cine sino al teatro. Sin embargo, quien no se deja seducir con un título tan expresivo como "Caricias". Otro caso distinto ha sido dado por el actor de televisión, teatro y locutor de radio Luís Fernández (quien mantiene un exitoso programa radial que toca temas y aspectos sobre el comportamiento femenino) y que también ha patentizado ante propios y extraños, su personal vida marital con la talentosa actriz y productora teatral Mimi Lazo para armar junto a la perspicacia (o astucia) de un productor local, una especie de “show” inserto en un espacio no convencional y con el sonoro titulo de: "No eres tú ¡Soy yo!” basado tanto en su escrito “Sexo Sentido" armado en base a un grueso número de entrevistas a mujeres y que adereza con sus experiencias íntimas para que se arme un monólogo donde el atractivo de fondo consiste en exponer sin tapujos y ante un público constituido esencialmente por féminas subidas de los treinta años y bajo un formato bien ligero (el escénico) lo que ya ha efectuado en la radio. Pues bien, esto que para muchos no es más que una campaña promocional de imagen y promoción artística del propio Fernández como agudo auscultador de las expectativas del universo sexual femenino pero que se ha convertido en un súper éxitoso boom comercial. Entre "Caricias" y "No eres tú. ¡Soy yo!”, hay una distancia del cielo a la tierra. Ambas para los ojos de un ducho consumidor teatral o sea bien para el neófito o para el experto, las dos rayan en lo "ligero". Quiero deslindar que todo producto cultural que se pone a tono entre eso que llamamos producción, circulación y consumo está signado, más de las veces, por el factor comercial, es decir, hay una campaña de estímulo mediático, donde se influye o induce a que el consumidor vaya y pague en taquilla lo que desea ver, sea esto teatro de bulevar, cine, danza o, música venezolana. En el caso del teatro debemos leer muy entre líneas ¿quién consume que?. Pues si yo solo me apego a los ejemplos antes señalados, pues "Caricias" ha tenido una segmentación de público bastante equilibrada pudiéndose decir que es 50% masculino y 50% femenino. Y un caso como fue “La Cena” con costos boletos altos y con un texto y un acceso más o menos limitado (máximo 25 personas, en un espacio no convencional) se manifestó en términos de segmentación de hombres y mujeres de forma bastante equilibrada; eso si, el estatus socio económico del consumidor de esta propuesta se patentizó más en ser de clase media alta y conformado por parejas mixtas que en grupos. Totalmente distinto a los casos de las obras “Caricias”, “No eres tú. ¡Soy yo!” o “Entiéndeme tú a mi”. El caso de "No eres tú. ¡Soy yo!" ofrece un cambió radical frente al teatro comercial de temporada. Quero explicar que la curva de consumo de este espectáculo fue más alta y orientada hacia el segmento femenino que hacia el masculino. Las razones fueron aparentemente obvias: la imagen de quien ha escrito el texto, su irradiación como personalidad de la farándula en cierto momento artístico, el tema y manera como lo aborda, el tipo de propuesta que se plantea al momento que efectúa dicho espectáculo, la capacidad de promoción / publicidad dada al espectáculo, los niveles de búsqueda de esparcimiento de el segmento consumidor teatral femenino, etcétera. Si tocase por ejemplo otros casos diametralmente opuestos como sería la puesta en escena de una de las más recientes piezas del dramaturgo Isaac Chocrón como "Los Navegaos" que se exhibe en la actualidad en el Teatro Trasnocho o, el espectáculo "La Vie en Rose" del grupo Circuito Cénica en los espacios del Teatro Corp Group, tendríamos que observar que, las variables de cuántos espectadores masculinos y femeninos componen el global del aforo de cada función se hace también distinta. Quizás existan factores solapados que operen más activamente en lo que una pieza u otra genera en lo que se denomina el "horizonte de expectativa" de consumo de un género u otro. Cabría indexar, el ámbito donde tal o cual propuesta teatral esté siendo exhibida; el tratamiento técnico artístico hacia el asunto (tema y argumento) y sus alcances en lo que es el post consumo del público masculino o femenino, la incidencia de saber o conocer al autor y al director del montaje, si la trama le concierne o atrae desde el punto de vista de ser hombre o mujer, si estas mismas situaciones están en correspondencia no tanto al género sino también al segmento socio económico de cada género, de si el asunto o argumento les dice algo que les acompañe más allá de pasar una hora y media de su tiempo como espectador... en fin!!! El teatro manifiesto y tratado en estas cuatro referencias o producciones teatrales, son productos culturales y artísticos. Unas, con más imagen de farándula que otros; otros, con temas y situaciones más de interés para un segmento femenino que masculino; otros, apostando a ser capaces de ser atractivos a ambos géneros ya que sus productores e integrantes artísticos consideran (muy posiblemente) que esos productos teatrales deberán ser consumidos de antemano por un determinado segmento o grupo de espectadores -ello les tiene en el fondo sin cuidado aunque si debe de haber una pensada estrategia de mercadeo y publicidad para atraer a un grupo más que a otro y saben también a cual segmento va a estar dirigido su propuesta final- que, por oposición temporada tras temporada se da la cuestión de si ¿hay que consumir teatro comercial, ligero o digestivo? ¿O consumir "teatro de arte" basado en puestas en escenas de textos clásicos antiguos o contemporáneos, obras venezolanas latinoamericanas reconocidas para decir después que si se fue al teatro? En resumidas cuentas, el hábito de consumo de los distintos targets masculinos o femeninos no ha sido estudiado a fondo por los productores del teatro nacional aunque existen claros precedentes de productores que saben a que apelar a la hora de atraer más un público altamente constituido por féminas que por hombres. Cabría la posibilidad y la interrogante siguiente: y si se propicia un producto escénico dirruido al espectador gay ¿cómo sería la segmentación del público consumidor? ¿Será más masculino o más femenino? Los valores, factores y elementos deberán someterse de nuevo a la indagación o estudio ya que ello es un tema de alto tenor para saber que atrae a determinado género a la hora de consumir teatro o cualquier otra manifestación cultural o artística. ¿NORMALMENTE VAN MÁS EN PAREJA, GRUPOS, CON FAMILIA? El teatro al igual que el cine o cualquier otra manifestación cultural o artística propone una relación directa entre el espectáculo y quien lo consume. Pueda que esta relación tenga un valor social o de diversión. Ambas generan en cada quien una situación íntima y disímil pero sin embargo, a todos nos gusta departir el ir a presenciar un espectáculo acompañado ya que a la salida de haberlo presenciado se produce un inmediato y estrecho comportamiento / cotejación de lo que ese producto ha incidido en nuestra percepción, gustos, formas de pensar y recepción (allí operan valores morales, éticos, religiosos, sexuales, etcétera) que de alguna u otra manera se activan, se enervan y que conciente o inconcientemente uno desea convalidar, poner en el tapete de la discusión o, sencillamente, ver si existen o no coincidencias de la forma como fueron recibidos por uno u otro. Al observar en el teatro como se constituye la cola de acceso a la sala he observado que hay un más alto número de parejas que personas sin compañía. Incluso, podría verse grupos de hasta tres a cinco personas. Debo aclarar que si la pieza es altamente comercial, ligera o digestiva, el promedio de que asista un grupo conformado por tres o más personas es notorio que cuando se exhibe un drama contemporáneo o una pieza que por lo general esté catalogada como “teatro de arte”. El teatro es un hecho social y su capacidad de convocar a uno, dos o más individuos está en función de los temas, asuntos, tipos de teatro que un grupo teatral desea proponerse. Véanse dos casos: a) si es teatro infantil, pues el grupo es familiar y estará constituido por un mínimo de tres a cinco personas desagregadas en dos niños, la madre y el padre, caso de una familia típica. B) si es una comedia (monólogo o propuesta de cámara donde el espacio es pequeño, caso de la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas, Teatro “Luís Peraza”) de género cómico, pues, la asistencia será más hacia parejas que desean pasarla bien ya que han decidido pasar una velada entretenida y de ahí, posiblemente salir a tomarse o comer algo antes de regresar a sus hogares. Dos casos que dicen algo del comportamiento del consumo del público pero que no se constituyen en factores determinantes ni definitivos de que hace que las personas vayan solas o acompañadas al hecho de consumir cultura, es este caso, una manifestación teatral. ¿CUÁNTO GASTAN EN PROMEDIO? Estimar cuanto se gasta en promedio por un espectador habitué al teatro es relativo. Hay distintos costos de la boletería según el tipo de espectáculo, la ubicación de la sala, la temporada, si es un montaje nacional o internacional, si está dentro de los estrenos normales de cada año o si el producto se inscribe como evento “especial”, es decir, el caso por ejemplo de la venida fuera del contexto de festival, del Circo Chino; a lo anterior se le debe adicionar otros factores que desmenuzarían el asunto como por ejemplo, si la persona va sola o acompañada, el costo del acceso al estacionamiento, si consume alguna cosa (un trago, un café, o cena al salir después de salir del espectáculo), que la sala le permita el pasar o no de alguna “chuchería” para comer cuando ve transcurrir el espectáculo, etcétera. El costo promedio de gasto de un solo espectador que asiste a una sala como el Teatro Trasnocho -en un montaje de temporada- puede oscilar entre 35 mil a 40 mil bolívares. Piénsese que si asiste en pareja, este costo de duplica. Si asumimos que es un grupo familiar que asiste a una representación vespertina de una pieza infantil, el costo promedio para un grupo constituido por cuatro personas –dos adultos y dos niños- que va, por ejemplo al Teatro San Martín a presenciar un montaje de target abierto oscila entre los 25 mil a los 30 mil bolívares (se debe aclarar que el costo general por persona a este circuito del oeste está, más o menos promediado entre los 3500 y los 4000 bolívares; a ello se le debe sumar el costo de 4 tickets ida y vuelta en el metro y alguna que otra golosina). ¡¡Barato en verdad!! No obstante, si equiparamos esta misma situación a que un grupo familiar que asista al CELARG donde una entrada para ver teatro infantil esté en el orden de los 8 mil bolívares (adultos) y el costo de entrada para niños esté con algún margen de precio inferior, hará que el gasto promedio para un grupo familiar constituido por las mismas 4 personas –manteniendo los parámetros anteriores- oscile entonces alrededor de unos 30 mil bolívares. ¡¡Un gasto moderado!! Pero, ¿Qué pasa si ese mismo grupo familiar asiste a un espectáculo infantil en el circuito de Escena 8 o al Teatro Trasnocho? Pues el gasto promedio, tiende a triplicarse. Asistir al teatro solo o en grupo implica costos y ello hace que cada espectador o grupo de espectadores (de mutuo acuerdo o familiar) tengan que considerar como afecta el gasto dirigido a entretenimiento y su temporalidad en un lapso dado (piénsese dentro de un mes con alta o baja carga de eventos dentro de la cartelera teatral caraqueña). ¡Ojo!, los costos cambian si cambiamos de región, es decir, de capital de estado donde el ingreso y el estándar de consumo son totalmente distintos al que se manifiesta en lo que llamamos la “Gran Caracas”. Resumiendo, salir al teatro o al cine exige del consumidor tener en claro no sólo debe contemplar que desea ver y consumir, sino los extras laterales que su salida implica. El costo de un ticket de cine cambia según el circuito donde un film dentro de una misma ciudad. También esto se detecta en lo propio teatral. El costo promedio fluctúa también al subir la inflación, o que se operen elementos adicionales como lo podría ser un evento artístico no propiamente cultural sino mediático como podría ser un “Peter Pan On Ice” en el Poliedro de temporada corta donde veremos que se hace algo difícil calcular cuanto estaría dispuesto a erogar la cabeza de familia para que 4 de miembros de su hogar salgan un domingo en la tarde para un rato de solaz. ¿CUÁNDO Y PORQUÉ SE LLENAN MÁS LAS SALAS? Si uno tuviese definida esa respuesta y se la diese anticipadamente a los productores de tal o cual espectáculo seguramente tendrían la “gallina de los huevos de oro”. Responder con pertinencia estas dos preguntas sería uno de los elementos que todo grupo, director o productor quisiese tener asegurada o a la mano cuando se establece el tiempo de planificar sus programaciones o temporadas. No obviemos la existencia de circuitos artístico culturales que tienen ya una imagen en el subconsciente del consumidor sea bien porque va con regularidad al Teatro Teresa Carreño, el Teatro San Martín de Caracas o sea al Teatro Trasnocho. El efecto del mercadeo, la publicidad en medios audiovisuales o impresos de forma anticipada o en plena temporada, la promoción directa e indirecta en la calle a través de carteles, pendones, camiones publicitarios que circulan por determinadas zonas de la capital, volantes o la inserción calculada y bien pensada en medios alternativos como páginas electrónicas, blogs, etcétera; los costos de cada espectáculo, su capacidad de generar o no, expectativa en el consumidor adulto, joven o infantil a través del nunca bien ponderado “boca a boca” -que, más de la veces promueve más que la mejor de las campañas mediáticas-; los aspectos de facilidad de acceso a una determinada sala o circuito de consumo artístico cultural comercial, los factores de seguridad en y alrededor de estos espacios, las posibilidades de que estos ámbitos o circuitos (salas o instituciones culturales, incluso centros comerciales) cuenten con otros espacios donde el consumidor de arte y cultura -o simplemente de entretenimiento fortuito- puedan departir de forma previa (entrada) o posterior (salida) de un espectáculo de teatro o cine actúan en el hecho de ese responder a ¿cuándo y por qué se llena más una sala o no? Creo, que si un grupo artístico, una institución cultural o un empresario privado o independiente sabe articular y manejar con perspicacia y buen conocimiento donde actúa, sabe estratificar ¿a que segmento del público dirige su propuesta? y diseña su plan de estrategia de publicidad / promoción para saber ganar con más del 70% del aforo de un espacio “x” o “y” el fin último que es ¿como captar espectadores potenciales para tal o cual propuesta, sea esta manifiesta para un festival de cine, una temporada de teatro, danza u ópera? será más factible de discernir. Es pues, una labor de fondo donde a pesar de que no hay garantías exactas por lo menos hay un acucioso estudio y comprensión de todos estos elementos con lo cual se haría más viable responder la interrogante de oro de ¿por qué un evento de farándula, artístico o llanamente cultural, capte de inmediato el interés del público? Dejo bien aparte lo que la propia imagen de esa clase de eventos conlleva sea, bien por su auto proyección de reconocimiento dada por tal o cual actriz o actor de turno, más allá de lo contingente de un tema o de la misma capacidad de generar -en buena voz- eso que muchos llaman por ahí “el high plus mass-mediático” inherente per se a estos potenciales eventos. Generar en conciente e inconciente del público que un espectáculo teatral estará en una buena sala, que este espectáculo más allá de su plantilla artística, que quede obviado –por sentirse seguro- los factores de riesgo como ser objeto de un robo personal o del desvalijamiento de su carro o, sencillamente, porque la zona está invadida de esa avasallante oleada de marginalidad que se detecta en ciertos ámbitos y que a todos, de alguna u otra forma nos atemoriza o intimida, son partes del garantizar el ¿cuándo y el por qué un espectáculo “x” o “y” llena una determinada sala, ¿POR QUÉ CONSIDERA QUE LA GENTE VA MÁS AL CINE QUE AL TEATRO? La gente va más al cine que al teatro porque claramente está mucho más informada sobre lo que va a consumir. Hay vallas, avisos desplegados de buen tamaño en los medios impresos, hay fuerte inserción de promoción en medios alternativos, hay una calculada estrategia de penetración de los títulos y sus correspondientes temporadas, la imagen de la plantilla artística está bien diseñada y su expansión al potencial consumidor se garantiza de antemano en todo medio y en toda acción de mercadeo, además las tramas, argumentos y hasta parte o segmentos de los films son entregados al público con tiempo al estreno de una proyección comercial. En el teatro es cuestión de buena suerte cuando uno o varios de estos elementos se conjugan pero también deja de ser suerte y arte de estrategia cuando se calculan con tiempo suficiente tres o más aspectos claves de irradiación promocional de un espectáculo dado. No se necesita de una fuerte inversión sino de una aguzada capacidad de colocar en el subconsciente del potencial consumidor que habrá algo de su interés en tiempo mediato. Sabemos que es casi imposible competir con la maquinaria publicitaria y de promoción de las trasnacionales del cine comercial pero también no hay que ser tan necio o incapaz de asumir una estrategia de posicionamiento de un producto comercial teatral cuando ya se ha decido si se va a concretar tal o cual montaje. Si una institución cultural, un productor teatral apuesta a promover por vías directas o indirectas lo que habrá de ser su proyecto escénico con un rango de tres a seis meses sin el hecho de dejar estipulado el espacio, es bastante probable que cuando, este espacio (sala de teatro) esté concertada o alquilada pues tendrá ya ganado de forma inobjetable un cierto número de espectadores que le permitirán garantizar la estabilidad y continuidad de exhibición del montaje sea este comercial, de arte. Estrategia y planificación, conocimiento del gusto del público espectador y pulsar con mano firme: ¿cuál tema o argumento le movilizan a la hora de que la taquilla le diga esto cuesta tanto? Es ciertamente, parte de los agentes magnéticos que hará que una vez que esté concretado el producto en su temporada general, el esperado éxito de taquilla sea un algo más tangible que esperado. Si hay cine comercial que logra esta “hazaña” comercial ¿por qué no el teatro? Hacer de la estrategia y la planificación estratificada una especie de manual del arte de la guerra de ¿cómo ganar espectadores sin tener que ahogarse en lo superfluo de lo comercial por lo comercial¿ es sencillo: ¡sólo basta intentarlo! Lo peor es regodearse en inflar botellas y luego verse como se quedan sin quien se las lleve cuando el espectáculo apenas está dándose a conocer ante la expectativa de consumo de ese potencial público y no se ha hecho una minuciosa estrategia de posicionamiento de ese evento. Me tomo y hago girar una vieja conseja popular y diré: ¡Quien promociona primero, publicita dos veces! El mercado de consumo y el éxito parece ir por vías distintas pero ¿y si no es así? Si se hace un sondeo en salas y la gente que asiste o ha asistido a ver espectáculos como: “La Cena“ o “Entiéndeme tú a mi” (Teatro Trasnocho); “Amanecí como con ganas de morirme” o, “El enfermo imaginario” (Ateneo de Caracas) podrá sacar sus propias conclusiones pero lo cierto es que la realidad de lo que en el fondo considera o no el público para pasar un par de horas alejado de su cotidianidad es cuestión todavía a ser dilucidado y que sigue siendo un desafío a desfranar. ¿EL TEATRO O EL CINE QUÉ LE OFRECE AL CONSUMIDOR? El teatro es una experiencia única, irrepetible, en vivo y que coloca tanto al artista como al receptor en un espacio de comunicación efectivo y natural que muchas veces aunque ese mismo espectador vaya dos o más veces a cotejar la propuesta escénica tendrá una recepción disímil y hasta más contundente que la que pueda recibir de la confrontación de un espectáculo cinematográfico. El cine apuesta a la sorpresa, al factor alienante del señuelo del efecto que sumando al no % de espectadores en un mismo espacio genera lo que el teatro en estos tiempos modernos creo que ha ido perdiendo: su poder catártico. El cine lo explota hasta el paroxismo aunque ya haya develado sus escenas claves en los segmentos de publicidad y mercadeo preliminares. El teatro ofrece la posibilidad de tener al artista enfrente de si y sabe que el cine sólo proyecta a un personaje aunque el actor o la actriz tenga un alto impacto mediático. Ambas expresiones son sugerentes, icónicas, significantes y sublimizadotas del sentir humano. Los deseos, anhelos, angustias, pasiones, sensibilidades, sueños y demás ansiedades del ser humano son “manipuladas” por ambas formas artísticas pero en el teatro ello adquiere un carácter más vívido que en el cine aunque este tenga más capacidad para proyectarlo de forma más directa sobre los sentidos. Lo efectista del cine se sobre impone a las sutilezas aunque no las desprecia. El teatro apela a todo y se sabe imponer si el juego de las convenciones está perfectamente claro. Si hay mal manejo de ello, la correlación del que considera más oportuno como mensaje parece resultar más eficaz en el cine que sobre la escena; pero si el conjunto artístico teatral ha sabido “tomarle el pulso” a lo que debe manejar como forma y contenido, el buen espectador a la larga se dejará seducir por la eficacia del hecho de la palabra, la imagen y la acción del teatro. ¡Mil veces poderosa si está en manos de verdaderos artistas pero mil veces débil, si está mal concebida y en manos de mediocres! El teatro se ha acunado con el ancestral horizonte de la humanidad en cambio el cine apenas se le puede considerar como un párvulo que sabe tener sus botas de gigante devora millas. Ambas expresiones son capaces de asombrar y enternecer pero siempre habrá más en la esencia de un teatro en vivo que sentarse a esperar que la sala se ilumine con lo artificial del proyector. El espectador del siglo XXI se verá más y más avasallado por la eficacia mediática del cine pero cuando desee refugiarse en la intimidad de su ser, apelará, finalmente al teatro. He allí lo que -desde mi parecer- ofrece una u otra manifestación al ser humano de carne y hueso, de piel y sangre, de recuerdos y anhelos. ¿Cine versus teatro? No es cuestión de vacuos pugilatos sino de generar arte y comunicación entre el individuo, su sociedad, sus valores y el tiempo que lo toca vivir. Cada quien decida que le genera más. Es albedrío de cada quien decidir cual experiencia le sacude o no. Pero el teatro será inmortal y ha sabido graficar en textos e imágenes lo que aún el cine explora más allá de sus inimaginables efectos tecnológicos.