lunes, 23 de febrero de 2009

¡MONTAJES EN DIA DE BAJAR TELÓN!

Dos espectáculos culminaron sus respectivas temporadas el pasado domingo 22 de Febrero: uno, La Pájara Pinta y el Pájaro Loco, producción del Circuito de Arte Cénica que contó con el texto original y dirección del talentoso artista brasileño – venezolano, Ricardo Nortier quien asumió con talante y magnífico ánimo en los espacios de la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas otra página rutilante para el teatro infantil. Otra, -en su tercera temporada y aún atrayendo a numeroso público joven- la propuesta denominada Plenilunio en la Casa del Dolor en la remozada sala Rajatabla por parte del incansable José (“Pépe”) Domínguez Bueno con los egresados de la cohorte 2008-2009 del Taller Nacional de Teatro que por años, ha venido cosechando el grupo creado por el hoy desaparecido, Carlos Giménez. Curiosamente, dos montajes disímiles en cuanto a género, hacia que tipo de público estaban dirigidos y, obviamente, con estilos, formas, conceptos, estéticas y energías totalmente enfocadas hacia una comunicación creadora que crearon diversas expectativas en quienes tuvieron la suerte de confrontarlos. PLENILUNIO EN CASA DEL DOLOR La línea experimental que sustentó este trabajo partió del reto que José Domínguez concreta tanto desde el plano como versionador y puestista del Taller Nacional de Teatro del Grupo Rajatabla ya que es una manera de comprender que se debe ir por otras sendas a la hora de ejercer la praxis formativa de las nuevas camadas de actores que habrán de egresar de este renombrado polo de preparación actoral. Su escogencia de un autor escasamente conocido y –hasta donde se- no escenificado en el país como lo representa el novelista y dramaturgo ucraniano, Mijail Bulgákov (1891-1940) hace que la experiencia del espectáculo mostrado tenga quilates de brillo para la gestión de la directiva del grupo Rajatabla en lo que son estos tiempos sociales y políticos que atraviesa Venezuela. Sobre Bulgákov, diré que es un autor casi desconocido en los círculos grupales del país. Sus escritos se orientaron a suscribir piezas teatrales como por ejemplo, Días de los Turbín, (1926); Iván el Terrible (1936) o Pushkin (1940). También se puede citar novelas como: Corazón de perro (1925); Morfina (1926) o, La Guardia Blanca (1922-1924). Fue un intelectual que recibió las presiones del régimen estalinista factor que afectó la vida creativa y personal de Bulgákov, en especial, en el hecho de que algunas de sus obras no fuesen publicadas sino años después de su muerte. Fundamentalmente su novela satírica El maestro y Margarita (1929-1940), texto que vería luz hacia finales de los años sesenta bajo iniciativa de su esposa Yelena Shilovskaya. Sin duda, Bulgákov fue un escritor agudo y atrevido, intelectual sapiente y a la vez incisivo que supo colocar su mirada al centro socio político que le tocó vivir y no se amilanó ante el oprobio de un régimen que acallaba con la cárcel, el confinamiento en sanatorios mentales, el destierro o, en el peor de los casos, la muerte en Siberia a cualquier detractores del sistema comunista. De hecho, parte de la obra de Bulgákov fue segregada por la visión omnímoda del poder estalinista que ahogó a la Rusia de los años treinta del pasado siglo pero ello no hizo mella en su acerado espíritu. El maestro y Margarita es una novela alejada del estilo realista social que algunos autores suscribían; un texto hilado con situaciones complejas, casi surrealistas, con humor negro y trazos de “tristeza y melancolía” pero que no dejó de lado su crítica hacia quienes ejercían posiciones de liderazgo y censura a artistas y escritores por apartarse de las líneas dadas por aquellos que de alguna u otra forma dictaban los cánones de lo que debía ser el régimen cultural e ideológico de la nación rusa. La experiencia de escenificar desde el eje del ejercicio versionante de Pepe Domínguez de lo que ha sido considerada “la mejor novela del periodo soviético” y enrumbada hacia el parámetro de exponerla como “anteproyecto teatral” tiene algunos méritos esenciales: por un lado, ese plausible hecho de acercar al público a conocer a un autor cuya fuerza literaria debería ser reconsiderada más allá del tiempo vital cuando se le conoció y expuso a nivel universal. Por otro, que el trabajo de su versión y puesta en escena de la “esencia” del escrito satírico El maestro y Margarita especialmente orientada a la mente y ansias de crecer en las tablas de jóvenes que buscan formarse como artistas de la escena caraqueña, impone reglas y consideraciones nada fáciles lo que implica poner en tensión la técnica y la sensibilidad como rotores para construir un imaginario denso adecuarse a coordenadas que articularon la construcción de la plástica estética del montaje como desde el punto referencial de entrega orgánica que se debía dar para armar cada personaje. Una experiencia teatral que contando con la producción general de Francisco Alfaro, el concepto lumínico de Víctor Reyes, la creatividad plástica del maquillaje ideado por Rossana Hernández / Emilshen Acevedo, la orientación coreográfica de Soraya Orta / Yuri Pita y Elvis Chaveinte, el apoyo Gabriel Agüero y Simona Chirinos (quien fungió como directora adjunta) y la asesoría artística de Daniel López entre muchos otros, hizo que esta nueva cohorte del TNT luciese para agrado o desagrado, para sorprender o dejar aturdido a un espectador conformado por mucha gente joven a entender que lo expuesto era eso, teatro experimental con cosas a decir. Desde el planteamiento del bifrontalidad espacial a la puntualización de ciertas escenas, de la codificación dramática para algunos personajes, la explosividad sensual y oscura de algunas escenas así como la concreción de un ritmo vibrante para las casi dos horas de duración de este trabajo me hizo pensar que aun el TNT sigue en su denodada labor de ayudar a que los jóvenes talentos que habrán de salir del plan de formación que representa Rajatabla les está permitiendo asumir y exponer elementos artísticos que más allá que gusten o no, no se le puede objetar que está sustentado en reglas teatrales armadas con disciplina, vitalidad y pasión. Los rostros del público fue el espejo de recepción de este trabajo y el aplauso no fue ni tibio ni débil, situación que podría leerse como aceptación de la constitución de un reto teatral que habló por sí mismo. El trabajo histriónico fue correcto si lo miramos desde el punto de vista que ellos buscaron una verdad teatral en las tablas y que esa verdad fluyó en la casi totalidad del elenco. La confección de personajes fue más intensa para unos que para otros. Por un lado, asumir con conciente energía de ese sí articulador para el manejo de voz, proyección y matices, a la capacidad de conferir al cuerpo las obvias dificultades de una sustantiva inflexión de sutilezas en concordancia a lo que lo gestual indicaba era toda una aventura a corporeizar para esta versión de El maestro y Margarita. Desde mi personal recepción diré que todos merecen el aplauso gratificante por su entrega pero desde mi vista como “crítico” daré mayor fuerza a la capacidad compositiva global de Gabriel Agüero en su papel del maléfico como andrógino Voland, un actor que tiene elegancia física, potencia plástica en el movimiento y una seductora personalidad sobre la escena. Jean Carlos Rodríguez aun cuando por momentos daba la sensación de ser algo hierático en sus ademanes logró componer un personaje creíble y con sentido dramático. Yuri Pita como Margarita la percibí centrada, elegante en su manejo expresivo, vital en la energía interna como externa y con tino en la capacidad de proyectar desde los distintos ángulos donde su personaje se expuso. Elvis Chaveinte (El maestro) fue de los pocos que mantuvo de principio a fin un papel consistente desde todo nivel; su visual corpo gestual firme, su actitud energética interna bien dosificada su capacidad de intenciones, silencios y matizaciones. Un trabajo firme. Los papeles de Stravinsky, Natacha, Popota y Asáselo mostrados por Tatiana Mabó, Lindsay Penagos, Emilshen Acevedo y Verlú Briceño resultaron sobrios en su impulso de conferir esa sintonía del histrión con la requerimiento técnico y sensible para mostrar personajes que giraban en la trama. Jean Franco De Marchi como Kokoviev resultó atractivo pero le faltaba más seguridad en sus ir y venir sobre esas altas zapatillas / coturnos que generó un vaivén algo particular a su diabólico personaje. En torno a la labor como actriz dada por Karlina Fernández en su papel del represor cultural Berlioz, fue oscilante al principio el personaje fue asentado pero en el avanzar lo fue debilitando bastante en cuanto a que desdibuja la potencia de lo técnico en voz, manejo del cuerpo y actitud en algunas escenas; pudo ser más firme a pesar que en ella había carácter. Finalmente, daré el reconocimiento al esfuerzo de trabajo escénico de Eliana Terán (Guela) Ángel Pájaro (Abadonna) y Álvaro Durán (Archivaldo) quienes, con mas ganas que con firmeza técnica para ahondar en la composición de sus papeles terminaron por aglutinar con los bemoles junto a sostenidos esa partitura visual como conceptual dada por el conjunto actoral para este “anteproyecto teatral” armado y dispuesto por José “Pépe” Domínguez para el TNT del grupo Rajatabla en lo que fuese el discurrir del 2008 y 2009. Como colofón y a pesar que sus trabajos eran pequeños – y en el entendido que no hay papel pequeño en el teatro- daré el crédito por su presencia en este trabajo escénico a: Evelia Di Genaro, Roger Fuentes, María Hernández, Mayella Hernández, José Vicente Lugo, Jhondeiro Leal, Lindsay Penagos, Carolina Rico, Maryelis Rivas y Danique Well de quienes esperaremos vayan adquiriendo más experiencia y fogueo para cotejarlos en futuros trabajos desde el TNT y, si hay la suficiente entereza y visión de lo que aspiran del arte teatral, en montajes del Rajatabla o de otros grupos de la capital. LA PÁJARA PINTA Y EL PÁJARO LOCO Una situación cierta para mi percepción como hombre que asiste a confrontar y valorar el trabajo para niños y adolescentes es que he visto un trabajo teatral divertido en cuanto a su capacidad de mostrar sin restricciones argumental otra arista de temas que pueden ser desplegados para los infantes y sus padres, por ser un montaje consistente desde el sentido de la plasticidad visual de los objetos, vestuario, elementos escenográficos y de utilería que se colocan al uso de significación para lo interno de la trama como del manejo de los artistas (actores / actrices) de un espectáculo, de la consistencia, dramatúrgica con que se articula personajes, situaciones y el entendido de recepción del potencial espectador que lo ha de ver, del hermoso sentido artístico que da cohesión al todo como concepto unitario que parte de algo popular y se confecciona como algo que puede trascender lo meramente icónico o simbólico fue lo que deparó la labor teatral del grupo Circuito de Arte Cénica en la Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas en su función final de temporada y que, expusieron su afiligranado trabajo La pájara pinta y el pájaro loco del dramaturgo actor y director, Ricardo Nortier. Soy de los que tiendo a cuestionar sobre lo que sucede en la dramaturgia y concreción teatral de lo que actualmente se muestra en las distintas salas de la capital en materia de teatro para la niñez. Temas y tramas que parecen descolocados de la actual realidad que visualiza dos clases de niños: el que nació a finales de los años noventa del s. XX y lo que nacieron en lo que va de estos primeros años de la primera década del s. XXI. Son niños que cotejan tramas y argumentos, temas y percepciones donde el dejo de figuras waltdisnerianas o los manidos ecos de la literatura infantil de los Hermanos Grinn aun parecen tener sus estancos de dominio y que a pesar de toda la influencia mediática que impregna con “nuevas” figuras y referentes de vídeo juegos, series televisivas o del pujo y repujo de elementos de la Internet, hacen que haya una mezcolanza de sentidos que no parece ir hacia la definición de ese niño / niña que hoy por hoy está en rangos de edad de 6 a 12 años. Y si a ello se le suma que por cada dos niños asiste junto a ellos –y quien decide a la postre que es lo que esos niños (as) verán en la escena- son padres, madres, abuelos o parientes cercanos, pues el efecto de recepción de unos y otros se somete a prueba cada vez que un grupo de teatro orientado a crear espectáculos infantiles cree que tiene el sartén agarrado del mango con una manipulación que va más allá de lo temático / argumental y lo sostiene con la presencia de figuras de la farándula televisiva local. Los efectos y las consecuencias son tan nocivos para quien cree que está atinando a crear productos artísticos de nivel como para el sentido de sensibilidad del público infanto juvenil que los habrá de verificar en las salas tanto de Caracas como del interior. Al ver el espectáculo escrito y dirigido por Nortier caí en cuanta que siempre existen frescos oasis en cuanto al tratamiento de un tema, las fórmulas de discurrir la confección de la trama, ideas sobre el tratamiento del universo de personajes que en ellas participaran, de los modos de cómo el lenguaje se expone tras ellos, del tipo de conflictos que se encierra tras las situaciones que los atrapa, del carácter didáctico o de sencillez anecdótica que se derive, en fin, de muchos hilos que uno intuye que (debe) confeccionar de modo inteligente el dramaturgo y que, al mismo tiempo, un grupo debe saber plasmar sobre los escenarios. La pájara pinta y el pájaro loco fue uno de esos trabajos de lo que uno como espectador sale complacido. El tema de la tolerancia bien trabajado. Las situaciones donde la popular folclórico de la pájara pinta venida de la provincia (de Villa Limón) y que ha quedado viuda por un malvado cazador, se encuentra sola y desamparada en una placita de una urbe y en la cual deberá lidiar con el personaje foráneo del pájaro loco con valores y sentido de lo moderno y con un sentido “desmedido” de no importarle los sentimientos y pareces de los demás, se contrapone a la imagen de su contraparte. La agudeza del conflicto se da en el juego dinámico de los opuestos de lo que cada personaje conlleva: tradicional – costumbres frente a moderno – progreso. Dos visuales y dos mundos que suman y rezuman distinciones de universos sociales que no parecen tener concordancia pero que desde el “aprender a compartir” y a tolerarse pues, todo es posible: de la armonía al amor. Este último aspecto hará que el pasado se deje de lado, las diferencias se olviden y surja la esperanza de una camada “mestiza” de pajaritos llenos de características que irán más allá del producto del cruce de dos especies sino de la unión de valores más dignos como el autor querrá abonar: el “respeto y la amistad”. Una propuesta con todos los aspectos de producción bien aceitados: hermosos trajes (diseño y concepto de Joaquín Nandez), una adecuada visual escenográfica que supo colocar no solo volumen, forma, color y sentido espacial (diseñada por Orlando Arocha), la idónea pintura escénica de Jesús Barrios otorgó esa base de color y forma que un sensible creador de su talla sabe hacer. La unicidad coreográfica ofrecida para que los histriones fuesen más lúdicos sobre la escena derivado del trabajo de Francisco Bravo fue elemento catalizador y, ese sabroso acento musical original de Enrique Bravo permitieron que la labor de puesta en escena del propio Nortier (hasta de su actuación en un papel doble) fuese sencillamente, estupenda. ¡Hubo un grupo que sabía lo que quería y lo logró desde todo resquicio que se viese! El desempeño de la plantilla actoral en conjunto fue eficaz. En lo individual, el compromiso interpretativo dado por Gabriel Agüero (el Pájaro Loco) fue impecable, dúctil y desenfadado. Por su lado, la acción de composición y desempeño de Ana Melo en su papel de la Pájara Pinta mostró una tanto buena riqueza de elementos artísticos como de técnica que ayudaron a hacer crecer el montaje. En resumida cuenta, un espectáculo digno y ameno para todo núcleo familiar y que debería girar en eventos y festivales ya que sabe atrapar la atención de quienes lo verán y sabrá no robarles el aplauso sino que este brote de forma espontánea (cuando sea re-escenificado el venidero mes de Mayo en un nuevo espacio teatral en el Municipio Hatillo) porque tiene los valores que uno califica como notables. Un trabajo para niños y adultos ¡altamente recomendable!