domingo, 24 de enero de 2010

DESNUDO EXISTENCIAL

Un grupo que si bien no calificarlo de emergente es algo que para algunos es cuestión de responder ?desde cuando ha incidido en las tablas profesionales de un determinado circuito comercial o no?, ¿los miembros que lo constituyen son noveles en cuanto a no disponer de una aquilatada trayectoria, una cosecha de palmares y hasta la capacidad de que tanto el público como la crítica especializada puedan retener en su memoria, lo ofrecido como productos de su acción escénica en un lapso dado? Cuestiones que no vamos a discutir acá; pero sin embargo, se hace notorio que hay colectivos que de una forma u otra, están preocupados por incidir e impactar con sus indagaciones artísticas en lo que el horizonte de la expectativa de quien se asume como consumidor teatral. Uno de estos grupos es Circulo Vertical. No puedo decir que lo haya confrontado antes y menos aún, disponer de una información precisa de su hacer. Pero, es notorio que uno de sus integrantes, Julio Bouley si ha sabido calar con su trabajo, tesón, y creatividad en lo que ha sido por lo menos, desde mediados de los años ochenta del s.XX a través de grupos como Contrajuego, en propuestas actorales que le han valido nuestro aplauso y respeto. Ahora, conjugado desde el año 2004 frente a esta agrupación, ha ido desarrollando acciones escénicas que de forma persistente, trata de abrir y expandir su nicho de percepciones, proyectos, inquietudes y crear alternativas para nuevas capacidades de recepción. Lo contemporáneo, lo clásico y lo actual experimental son por lo menos asideros esenciales sobre el cual darle soporte a sus experiencias creativas en materia teatral. Bouley junto a Ricardo Mendoza han accionado la espoleta de ese territorio crear basado en el trabajo con textos que expresen algo a quien lo confronte. En este sentido, asomaron la concreción de puesta en escena del espectáculo Vamos a imaginarnos que nos estamos tomando un café treinta años después (Testimonio Teatral en 7 tiempos) el cual fuese expuesto por Círculo Vertical del 13 al 17 de Enero en la Sala de Conciertos de la Universidad Nacional Experimental de Teatro (UNEARTE) donde los textos estuvieron confeccionados a dos manos entre José Luís Pérez y el propio Julio Bouley quien, además, asumió con desparpajada capacidad histriónica la construcción / interpretación del personaje central -especie de monólogo existencialista- de un homosexual que aparenta estar ubicado hacia finales de los años setenta y parte de los ochenta. Y como bien lo señala el subtítulo de esta propuesta, es un “testimonio”, esa declaración personal de lo que le acontece a un ser marcado por su certidumbre como certeza de saberse con una definida tendencia sexual, que busca darle piso a sus ansiedades sean desde el orden de romper con la soledad hasta las vicisitudes del mal del siglo XX como lo fue -y aun sigue siendo- el ser portador del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (HIV/ Sida) que devasta vidas en el azaroso hálito de las sexualidades liberales. Una revisión textual que está impregnada con pinceladas íntimas y profundas de lo autobiográfico que para algunos pareciese vacuo, para otros banal pero para un segmento de la población masculina homosexual latinoamericana, aun resuena de forma violenta en su tránsito existencial. Como propuesta teatral, Bouley encarna a este personaje que sin mediar mucho, se despoja de sus vestiduras y en un lapso cercano a la hora y media, desde esa desnudez de ropajes viste a su personaje con los atavíos de una humanidad de trata de sobrevivir ante la mirada de los otros. Un actor audaz que asumió sin complejos y sin medias tintas la posibilidad de crear con el cuerpo, la voz, el gesto, los movimientos y el canto, una comunión entre la escena y la platea; una comunión afectiva que desde el amor y la crueldad parecen estar de la mano, que los sueños y las ansiedades pueden ser cómplices y que la condición humana puede ser llevada de forma efectiva y con riesgo por parte no solo de un colectivo sino de un histrión que con verdad, asume la capacidad de decir cosas en este tiempo. Con el acompañamiento al piano de Fernando Roa, la iluminación de Alfredo Caldera y la producción de Círculo Vertical, la escena capitalina ofreció un drama que de reponerse bien vale la pena compartir y reflexionar sobre sus intríngulis textuales como de oferta de proposición espectacular.