viernes, 18 de noviembre de 2011

EL ARCA DE NOELIA

La Fundación La Barraca con 38 años de actividad formativa, creativa y afianzada en el contexto escénico cultural del Estado Bolívar, bajo la égida de un teatrista como Juan Pages, escenificó en los espacios de la Sala Rajatabla, el montaje: El arca de Noelia del dramaturgo mexicano,  Humberto Robles (1965). Sobre él indague que nunca recibió becas  formativas o se haya sumado a “sistemas de creadores. Escritor signado por la ominosa situación de ser seropositivo y accionando con labor de creador comprometido con su tiempo y apoyando labores en pro de derechos humanos.

De su producción teatral se pueden citar: Frida Kahlo Viva la Vida o Que no se culpe a nadie de mi muerte. Autor vital y contemporáneo asumido por La Barraca para articular un incisivo drama con agudo humor y crítica a una sociedad donde asuntos como el sida, los desajustes derivados del cambio climático se hilvanan con “la aceptación del otro” y/o los marcados niveles de aceptación que se gestan por prejuicios ante la desinformación en una era de alta información.

Pages con habilidad encaró con propiedad la puesta en escena de este pieza de Robles exponiendo la experiencia de dos actrices bien asentadas en su oficio como Sonia Prieto (Noelia) y Lourdes Rojas (Genoveva) que lucieron como anverso y reverso de las relaciones intradramáticas del argumento; asimismo, la de dos jóvenes actores como Luís Gabriel  Ramírez (Alejandro, hijo de Genoveva, gay y seropositivo) y Alejandro Bertho (Esteban) quienes con uno que otro altibajo compositivos demostraron que estaban claros en su responsabilidad histriónica. Supieron sacar un mensaje como un trabajo escénico que atrapó la expectativa del espectador que pleno la sala donde les constaté el pasado jueves 17 de 2011 en el marco del FTC-2011.

Con buen ritmo, atmósfera acorde al texto, cambios escenográficos que pudieron ser corregidos para evitar baches y algo de acartonamiento respecto al tratamiento de la verdad interna del personaje frente a determinadas situaciones, se armó un espectáculo magnético que se metió al receptor en el bolsillo de intención de este colectivo guayanés.

Trabajo creativo que habla bien de lo que debe ser el norte de algunos grupos teatrales regionales y que está a tono con temas / asuntos de una sociedad que debe confrontar otras cosas que no sean las trilladas fórmulas evasivas para su solaz. Con  El arca de Noelia esto se comprueba ya que el público al salir de la sala se lleva una reflexión en el subconsciente aparte de un momento grato porque no todo es gravedad sino sabemos que el humor inteligente puede estar ahí, para trastocar paradigmas que parecen intocables.

Como crítico me complace enormemente poder haber visto como un colectivo regional asumió con pertinencia los retos de ofrecerle no solo a su escena local / estadal, sino al país teatral que el teatro tiene senderos claros sobre el cual marchar. La Fundación La Barraca con este trabajo que ya cuenta algún tiempo en su repertorio, hace patente su preocupación por estar incidiendo con aspectos no solo institucionales artísticos sino de crear un puente con la comunidad gracias a encarar temas y asuntos de lo dramatúrgico que, hoy por hoy a ciertos grupos les resulta espinoso y la recepción de algunos sectores sociales parecen estar signados por el "efecto del avestruz", es decir, se prefiere no saber la verdad y ocultarse ante ellas para no asumir responsablemente un correcto proceder. E

En un país signado por machismos, feminismos, actitudes homofóbicas, intolerancia ante ciertos posturas / decisiones individuales, con acentuadas miopías ante problemáticas globales que afectan no solo la vida de algunas personas en el contexto de los social, ante las miradas obtusas que solo viven y se solazan bajo un estúpido cuestionamiento y se nutren del chismorreo (el que dirá el otro) y con otras aristas más enfática por algo global: capaz de colocar un acento sobre lo que afecta a nuestra “nave espacial”; este planeta azul (paradójicamente, llamado tierra) en un tiempo donde la indiferencia o la capacidad de ignorar que lo que hagamos en su contra (polución, exterminio de especies, etcétera) se puedo enarbolar desde una labor investigativa, artística y teatral capaz de decir: ¡basta, de expresar, hay que entender! de generar una labor que manifieste ¡hay que romper con obsoletas morales y transitar hacia la tolerancia!. 

En fin, es labor de patria que va más allá de un querer saberse actor, director, gerente, formador: es ser individuo concientizado que puede discernir y actuar ve a través del arte en pro de una dinámica bisagra para logre las transformaciones que el tiempo histórico anhela. Eso es lo que muy en el fondo percibo que La Fundación La Barraca y su gente está logrando en pro de la sociedad del hoy.

El riesgo no es haber llegado sino proseguir con un norte donde crear soñando y formar con conciencia de su tiempo sean ejes esenciales para los creadores /actores y actrices que pasan por los talleres de este colectivo. Juan Pages es un director inquieto, espontáneo, franco y no amalgamado por falsos oropeles que el reconocimiento le otorga a unos pero congela a otros haciéndolos estar descolocados en tiempo / espacio en esa orgánica relación creación / horizonte de expectativa del sector escénico de un país. Un reconocimiento a él como todo su equipo artístico, técnico y profesional que hacen de La Fundación La Barraca, un grupo vivo y con pleno sentido de su responsabilidad en pleno s XXI.

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